"La vida no se trata de esperar a que pase la tormenta. Se trata de aprender a bailar en la lluvia " (Vivian Greene)

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miércoles, 2 de abril de 2014

Cuando nada tiene sentido

Pasan los días y sigues en la misma vorágine de siempre. Lo acompañado se vuelve solitario. Lo claro, turbio. Lo complicado, aún más. Entras en una espiral autodestructiva con cada movimiento que hace cualquier parte de tu cuerpo enclenque. Se rompe en pedazos igual que tu alrededor. Pones caras, disfrutas del bipolarismo emocional, y caes. Te esperan las lineas y el sol, y no la lluvia. ¿Merece la pena cada gesto, cada segundo gastado? ¿Se traduce en algo excepto en volatilidad? Desaparecer de la noche a la mañana... Perder todo lo creado, todo lo vivido. Depender de la tercera, o los terceros. Conectar y desconectar. Ser fiel o un loco sin sentido. Querer algo y no conseguirlo. Ver como todo se desmorona delante de tu retina mientras el mundo no para, mientras el mundo sigue avanzando a tus espaldas como si nada fuera contigo. Ser invisible, utilizar el tiempo equivocadamente. ¿Romper? Es una opción. Y quizás la más acertada. Con riesgos, todo tiene riesgos. Pero, ¿es tu mente capaz de dar al gatillo? Liberar cadenas. ¿Es verdad que todo vendrá, sin esperarlo? ¿Es verdad que algún día saldrá el sol? Te haces daños, te vas consumiendo poco a poco y sin enterarte, como si de verdad, nada tuviera sentido. Y es que igual no lo tiene, y hay que encontrarlo. Pero no es esta la forma. ¿Estás seguro? A saber... Pero no es lo que esperabas y hay que reaccionar. Recoger los restos y volver a formarse. ¿Estás realmente preparado?

Son sólo añicos, pedazos de un solo mundo, o de tres.




"Tememos que nos maten, 
pero es mucho peor 
que nos destruyan"

Y ya nada que decir si es autodestrucción.

martes, 28 de enero de 2014

Cuando sólo queda uno


Al final va a ser cierto que esto se acaba. Vamos cerrando etapas y sí ya despedimos las clases hace más de un mes, ahora toca despedir los exámenes. Probablemente no será algo que se eche de menos, sobre todo teniendo EL EXAMEN a un año de distancia y sabiendo que una vez que nos incorporemos a la práctica médica real el periodo de exámenes no vendrá marcado por unas listas en el tablón sino por el día a día delante de nuestros pacientes.

Y es que a estas alturas de la vida creo que ya estamos bastante acostumbrados a todo esto y les tenemos cogidos todos los truquillos, aunque estoy seguro que nunca se deja de aprender (y estoy aún más seguro de que la academia MIR jugará ahí un gran papel). Sólo queda uno, y si eres capaz de echar la vista atrás y de saber por dónde has pasado, la cantidad de horas (y materia) que has metido y de papeles que has rellenado... Todos los exámenes son únicos y a la vez todos iguales, y es que siempre al final te acaba cogiendo el toro, descubres que en realidad no era una materia tan light como parecía o te das cuenta de que hay un montón de cosas que no entiendes y te tienes que poner a buscar como loco. Eso sin los míticos "bieen, se han portado", "buaa qué cebada", "me parece increíble que hayan preguntado eso", "se ha repetido casi todo!" o "voy a suspender" y luego no es verdad. Y tampoco sin contar con las locuras pre-examen y las interminables esperas hasta que salen las notas. Podría seguir enumerando situaciones pero haría un post interminable incapaz de poderse leer. Siempre nos quedará nuestra memoria, sobre todo ahora, cuando solo queda uno.


Recuerdo PRIMERO, ese año especial en todos los sentidos donde entrabas a formar parte de un nuevo mundo desconocido. Y es que entre otras cosas, esos temidos "exámenes de universidad" era algo a lo que te tenías que enfrentar. Primero fue un año locura, con exámenes prácticamente cada 20 días que no te dejaban ni respirar, donde a ansiedad y lo desconocido te hacían subirte por las paredes. Recuerdo el primer examen, anatomía general, de donde salieron los primeros jefes de mesa para las prácticas de anatomía, que completamos con el segundo examen, embriología. En anatomía nos llenaban la cabeza de inserciones musculares, algo que nos hizo suspender  (bueno, sacar menos de un 7 [que equivale a un 5], typical corte de aprobado en nuestra carrera) a prácticamente casi todos el primer examen al dar prioridad a la lista infumable de inserciones antes que a vascularización e inervación. Aprendimos. Sirvió para eso, y es que lo siguiente ya fue la remontada, dando prioridad a lo que se debía. El final de bioquímica fue una locura, leyendo sólo una vez el metabolismo lipídico porque no me daba tiempo a más y descubriendo que entraban casos clínicos de prácticas a las 12 de la noche por un sms casual. Y sí, hubo que improvisar en esa pregunta larga de metabolismo lipídico donde había miles de posibilidades de que hubiera sido otra. Fosfolípidos...me acuerdo bien. Y por último el examen de matrícula de bioestadística. Sí, como mucho se podía sacar una nota de 8.9 aunque tu nota correspondiese a más. Iba a presentarme si no hubiera sido por la amenaza de mi madre de tirarme el libro por la ventana si me ponía a estudiar, en vista a mi estado de nerviosismo extremo después de un año sin parar (y de alguna conversación inútil con profesores). Y sí, quedó una mh libre porque se presentaron todos menos uno...y se la concedieron a todos.

SEGUNDO ya fue diferente. Con un año a las espaldas ya te empiezas a dar cuenta de que vas manejando el cotarro, pero no, en realidad todavía eres un yougurín de la facultad y quedan miles de sopresas por descubrir (sin Huevo Kinder ni nada...). Fisiología nos enseñó que existen los exámenes test con la estructura de "qué no es falso" o "qué no es verdadero", aunque el "qué es lo MAS falso/verdadero" lo aprenderíamos más adelante. Con Epidemiología conocimos los exámenes de 3 horas de cuentas interminables cuyos resultados tienen mayor variabilidad interobservador que las formas que puede ver cada uno en las nubes.

En TERCERO todo parecía diferente. Es el año previo al ciclo clínico y ya te vas metiendo en materia más médica alejadas de los "bio-cualquiercosa". Introducción a la patología, parte médica, nos hizo tirarnos de los pelos. ¿Cómo podíamos concebir que nos preguntaran dos casos clínicos cuando en clase no nos habían explicado cómo hacerlos y sólo nos dedicábamos a dar materia y materia? Pues así fue cómo la noche previa al examen, a las 3 de la mañana, me levanté de la cama asustado de por qué estaban tocando las campanas de la iglesia a esa hora. Mis padres atónitos. No existían tales campanadas. Fue la máxima expresión de mis acúfenos. Y lo pasamos mal en febrero...pero en junio ya teníamos experiencia! Tuve alguna situación de nocturnidad, y tuvimos UNA tarde para meternos radiología, medicina física y rehabilitación. De récord.

En CUARTO ya sí que pasó a ser diferente. Cambias de edificio, has pasado el ecuador y te metes de lleno con la clínica. En cuanto a los exámenes oftalmología fue la que se llevó la palma debido a cómo estaba explicada y el problema de que hubiese imágenes proyectadas en el examen. ¡¡Ojo rojo!! Sonaron todas las alarmas. La big one de cuarto fue neumología, un examen rarísimo que suspendió el 90 % de la clase... No me preguntéis qué pusieron porque telita...

QUINTO ya iba sonando a final. El examen terrible de dermatología porque te dejaban 30 minutos para 30 preguntas de respuesta concisa y corta y 2 imágenes, tampoco fue para tanto. Sólo que, coincidencias de la vida, mi médico de prácticas toco cuidar nuestra aula...y entre ella y la compañera no me quitaron el ojo de encima! Estuve a punto de pedirles por favor que dejasen de acercarse a mí por detrás y se quedaran mirando mi examen. No sé si mirarían para bien o para mal, pero al final acababa bloqueándome. Todo fue bien.

Y llega SEXTO, un año facilón según los compañeros de arriba, pero que ha sido raro en cada uno de sus exámenes, no tan fácil como incluso los mismos profesores te decían que iba a ser. Todos los exámenes han tenido su puntilla, destacando la imagen superpixelada del caso clínico de infecciosas donde podías ver una lesión pulmonar, un pulpo a la gallega o un orco, según lo inspirado que estuvieras ese día.

Y sí, ya sólo queda uno... Sólo unas horas y pasará con un poco de suerte a la historia. Quizás no ha sido la semana más productiva, y es que la asignatura ni el momento daba para tal cosa. Intentaremos hacer lo que se pueda, confiando en que en este caso nos podemos llevar cualquier sorpresa, os lo aseguro.

El final... todavía no me lo creo. No sé cuál será nuestra reacción al salir del examen sabiendo que...¡es el final! Sin embargo, no deja de ser otra etapa. Dentro de menos de dos semanas empieza nuestra cuenta atrás, esa que este sábado marcará el cero en la contrarreloj para muchísimos compañeros. Y entonces sí que será el final, encontrándonos ahora a escasos momentos de que tantos unos como otros ya no podamos decir, cuando sólo queda uno.



Lo que la oruga llama el fin,
el resto le llama mariposa

lunes, 19 de agosto de 2013

Vuelta a casa


Siento que las palabras se quedan pegadas en los pulpejos de mis dedos, agarrándose con fuerza ante el miedo de volver a dejarse leer. Hace mucho que no piso esta casa, lugar que me recibió por nada y que tanto me ha dado todo este tiempo. Quizás necesite una buena limpieza y volver a recargarla de ilusión, ganas y luz entrando por las ventanas abiertas de par en par.
 
Me encuentro con tantas cosas guardadas en lo profundo de mi memoria que no sabría por donde empezar: situaciones que hemos vivido, lugares que hemos visitado, personas que hemos conocido o quizás aquél detalle que para ti, sólo para ti, te parecía interesante. Tantas cosas... Tanto tiempo... Y lo que nos espera.
 
Durante todo este tiempo he de reconocer que de vez en cuando he leído alguna entrada vuestra o me he quedado mirando este blog, con aires de nostalgia, pensando sobre cuándo lanzarme de nuevo a la aventura. Desde aquí, he de dar un gracias gigante (de esos que no entran en un whatsapp, en un email, en una fotografía...) a todos aquellos que a pesar de la distancia o de la ausencia hemos compartido un pedacito de nuestras vidas. Gracias.
 
Uff, cada línea que escribo voy recordando muchas de las cosas que he dejado en el tintero durante todo tiempo que he faltado por aquí. Pasé de los ánimos a mis compañeros que estaban preparándose el MIR a la enhorabuena por la plaza conseguida y por ser el comienzo de algo que estoy seguro que todos están haciendo muy grande, su profesión, su vida. Ahora, la historia vuelve a repetirse y miles de personas están delante de los manuales en uno de los veranos...¿más ocupados?...de su historia, mientras veo como se acerca la mía. Blogs nuevos que han aparecido y otros que han ido cayéndose de nuestra blogosfera. Gente con problemas o con alegrías. Personas. Vida.
 
No quería extenderme demasiado, así que intentaré cumplirlo con la esperanza de que dentro de poco vuelva a dejarme caer por aquí. Mientras, siempre está presente mi mayor quebradero de cabeza del blog: el cambio de plantilla. ¿Llegará la inspiración?
 
A los que quedéis al otro lado de la pantalla; los antiguos amigos, lectores, los nuevos, bienvenidos. Espero perdonéis mi ausencia y esto sea un vuelta a empezar.
 
 
"Si sale, sale. Si no sale,
hay que volver a empezar.
Todo lo demás son fantasías"
 
 
 
 

sábado, 8 de septiembre de 2012

Frágiles

frágil.
(Del lat. fragĭlis).
1. adj. Quebradizo, y que con facilidad se hace pedazos.
2. adj. Débil, que puede deteriorarse con facilidad. Tiene una salud frágil.
3. adj. Dicho de una persona: Que cae fácilmente en algún pecado, especialmente contra la castidad.
4. adj. Caduco y perecedero
 
Real Academia Española © Todos los derechos reservados
 
Podemos acompañar el adjetivo frágil a multitud de sustantivos. Un material, como el cristal. Un objeto, como un huevo. Un sentimiento, como el amor. Una enfermedad, como el Síndrome X frágil. Una persona, como tú y como yo.
 
Diríamos que una persona frágil es aquella que por cualquier factor bien intrínseco o extrínseco pierde autonomía propia y parece que su propia personalidad va a hacerse añicos (que quizás expresa más que "pedazos") en cualquier momento. Una situación crítica, una enfermedad, un momento inoportuno, un día de pie izquierdo. Nuestra piel, nuestros ojos notan esa fragilidad; nuestra mente nos impide pensar y sólo permite balbucear según qué sílabas. Damos al resto una sensación de necesidad de medir las palabras, los actos, de necesitar un abrazo sin pedirlo, a riesgo que cada pedazo de nuestro cuerpo se separe de su conjunto. Pero sólo esas personas adecuadas serán capaces de ver nuestra delicada existencia y llevarnos de nuevo hacia esa fortaleza que nunca debimos perder.
 
También puede ser que nuestra fragilidad se encuentre escondida, dentro de nosotros como aquella caja marcada que lleva en su interior una de las mejores y más importantes vajillas del país. Se encuentra a salvo de todo, dando una sensación de dureza, de resistencia hacia cualquier golpe que se le puede dar, pero puede picarse si se da justo en el momento y situación adecuada.
 
Por último están los que vienen con etiqueta, los que por una situación concreta cuelgan de su talón la marca de su destino, pero que en realidad, si se les conoce en su profundidad, pueden ser más fuerte que cualquiera, conjugando su realidad con la nuestra. ¿Por qué etiquetar? ¿Por qué clavar a aguja el sello de nuestra presentación? Desconocimiento quizás, o ser diferente a lo que se considera normalidad.
 
 
Estoy seguro de que a medida que íbamos leyendo -o escribiendo- nos han venido personas a las que relacionar, o momentos de nuestra propia existencia que encajarían como piezas de puzzle -de peces-. Todas ellas te las puedes encontrar en la consulta, en planta o en urgencias en cualquier momento. Ante la enfermedad, somos frágiles, somos el primer grupo, aunque nuestra mentalidad juegue a introducirnos en el segundo, buscando desesperadamente un consuelo que nos entienda. Acabaremos asumiéndolo, dándonos fortaleza propia, o por los demás, y al final lograremos que nuestra piel y nuestros ojos se quiten de su memoria toda la sensación de fragilidad que habían adoptado sin permiso. Hay que asumir, ser fuerte, constante y dirigirnos sin cesar hacia la meta, hacia nuestro más preciado objetivo. Porque nunca hay que dejar de caminar, y si uno se cae, siempre hay que levantarse, aunque nuestros brazos hagan un esfuerzo sobrehumano para conseguirlo. Porque el valor, nuestra mentalidad, nuestra propia existencia y personalidad, son las bazas más grandes de nuestra carrera de obstáculos de la vida, y hay que saber utilizarlas para saltar los relevos, quizás rozando, pero sin que rompan lo que es probablemente lo más frágil de nosotros, nuestro alma.
 
Frágiles, a parte de ser una película -buena, parece ser- de Jaume Balagueró, es la nueva serie de los jueves de TeleCinco. O más bien, era, porque este jueves acabó a la espera de una confirmada segunda temporada. A pesar de que no la pude ver en televisión desde el primer día, estoy siguiéndola a internet, poco a poco, saboreando cada capítulo, todavía sin acabar.
 
 
La serie no sólo nos cuenta la historia de Pablo, un fisioterapeuta que pasa consulta a sus pacientes con aires de tinte dramático y ateniéndose a las formas y el humor -a veces algo negro-. Sino que es algo más. La serie nos presenta la situación de Pablo, dos historias paralelas de continuación y una historia cambiante en cada capítulo. Conjuga el arte de la fisioterapia con la psicología, la intuición y el positivismo. Nos captura esas enfermedades raras, poco comunes, desconocidas, esos miedos, culpas, complejos -como se presenta en su cabecera- con una brillantez absoluta. Etiqueta a las personas especiales, pero especiales de excelentes, a la integración y el todo es posible. Da una visión positivista ante esa enfermedad que nos derrumbaría. Juega con las emociones, con el monólogo final. Hace lo que muchos médicos consideran-amos- algo magnífico en su paciente, sacarle una sonrisa a pesar del todo.
 
No he acabado de verla, y eso que la primera temporada sólo cuenta con ocho capítulos. No me ha defraudado, sino que me ha sorprendido. Es la misma productora de la especial "La pecera de Eva", que juega con un rodaje muy peculiar: no utilizan guiones en los diálogos, sino pautas de qué deben hablar y qué objetivo conseguir. No saben exactamente qué les va a decir el otro, y ellos deben responder con lo primero que les venga a la cabeza. Sorpresas mucho más naturales, dramas y gestos que a lo mejor no saldrían de esa forma si hubiese que seguir un guión al pie de la letra. Todo eso con unos actores y actrices que lo bordan, cada uno en su papel perfecto. Lo único que no se deja al libre albedrío son los monólogos, y la historia. Una historia que espero que no me defraude. Como dice mi madre "hace mucho que no veíamos algo así en la televisión, parece raro" - viniéndole a la cabeza las tórridas -en todos los sentidos- imágenes de la extinta Física o Química. Si podéis, dadle una oportunidad. Y me contáis.
 
Abrazos
 

sábado, 23 de junio de 2012

¡¡Resistiré!!

Este año me lo están poniendo más difícil que nunca. Si ya de por sí es el año que más tarde acabamos, adentrándonos por primera vez en el misterioso y a la vez doloroso mes de julio, el ambiente se está volviendo en mi contra. Un mes de obras delante de mi ventana y en la última semana con Radio Olé a todo trapo, no cosa se vayan a aburrir utilizando una silenciosa hormigonera y un picador con silenciador (¿existe? porque estoy por comercializarlo, como con las pistolas).

Peeeeeeeeeeeeero si eso fuera poco, y tuviésemos que disimular ante miles de niños que juegan felizmente en el parque, estados en las redes sociales de amigos que están disfrutando de un buen chapuzón en la piscina o bibliotecas completamente vacías porque a estas alturas solo hay cuatro gatos currando, esto está llegando ya a unos extremos un tanto paranormales.


Si mientras la tarde de ayer me la paso con RadioOlé de fondo, por la noche me toca disfrutar de la "Fiesta del Verano" de algún que otro lugar público-privado que yo pago (y me salté la fiesta =(), que alberga hasta 4000 personas, y no es una discoteca, que tenían concertado hasta la una de la mañana, excediéndose hasta las tres. Eso sí, a las dos bajaron el ritmo, que el volumen como que no era el más adecuado para esos horarios. Esta mañana, pensando que..."sábado, ¿qué obrero (y sin faltar a los obreros) trabaja un sábado en España?", me despierto con RaaaaaaaadioOlé (le estoy cogiendo gustillo y todo a la música) a todo trapo, la hormigonera y algún que otro martillazo, acompañada de la música ecuatoriana de mis vecinos de arriba. Cierro todo, me obligo a ir al salón sin dejarte llevar -cantameeee, bailameeee...- por el ritmo de la música y cuando todo parece que se ha calmado, oigo música más modernilla y un par cantando: TACHÁAAN mis vecinos dándolo todo en unos cuantos duetos! Estoy rezando porque los obreros no trabajen el sábado por la tarde (faltaría!!), la gente esté muy calmada con el Francia-España y las hogueras de San Juan vengan con silenciador incluído...¡La que me espera!

Señores, es verano, pero no para todos. Esto sí que se está poniendo difícil...estudiar, concentrarte y aún encima calmar a tu vena veraniega, y es que hace un año ya estaríamos dándolo todo bajo el sol, y no con el moreno flexo.

En fin, solo diré que:

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡QUIERO VERANOOOOOO!!!!!!!!!!

Resistiré, ¿vale? jajaja

"Resistiré erguido
frente a todo, Me volveré de hierro para
endurecer la piel, Y aunque los vientos de la vida
soplen fuerte, Soy como el junco que se dobla
Pero siempre sigue en pie…"


viernes, 15 de junio de 2012

Odiando la buRRocracia



Si a algo me tengo que acostumbrar en lo que me queda el resto de mi vida, es a la burocracia: papeles del Ayuntamiento, de Hacienda, inscripciones, peticiones de pruebas, investigaciones, matrículas, títulos... No hay trámite, ya sea público o privado, que carezca de una burocracia más o menos aburrida y latosa. Y es que si algo funciona, es simple y sencillo, no hay que dudar en cambiar y darle la vuelta. Y estoy seguro que alguien gana con ello.

Así pues, aquí me encuentro, días previos a un examen difícil y donde debería estar estudiando, rellenando 10 papeles (ahora la mitad, pero vendrán más cuando haya dado dos o tres paseos a sus respectivas) para un trámite que hasta el año pasado necesitaba dos. ¿Por qué? Porque han cambiado las tornas. Una empresa privada se ha introducido en nuestras vidas a cambio de grandes desventajas, y debemos estar a sus órdenes. Súbditos de quienes todavía no tienen ni idea de por donde les da el aire: secretarias que no saben y cada una te responde con una cosa diferente, documentación sin ajustar a lo que estamos pidiendo, unos cuantos paseos innecesarios, más cláusulas, cinco días de margen para completar todo, muchas cosas que sobran, y una que falta, esa simplicidad con la que contábamos cuando podíamos ir por nuestra cuenta.

En fin, paciencia y al lío, pero nunca entenderé qué hay en el trasfondo de esto.


lunes, 16 de abril de 2012

Final de prácticas

"Pasillo de hospital"
Magnífica fotografía de César J. Sánchez

A falta de pasar durante dos semanas por la UCI puedo dar casi por acabado mi periodo de rotatorio de prácticas de este curso. Parece que fue ayer cuando volvíamos a pisar el hospital con nuestra bata blanca sin nombre y nuestro fonendo en la mochila -por si acaso, aunque no sé para qué lo vamos a utilizar en oftalmología- y ya estamos rozando con nuestros dedos, todavía faltos de experiencia, los días en los que los exámenes finales darán, si todo va bien, por concluído un año más. Con él, todas las experiencias vividas a lo largo de los días por uno de los lugares que más me gustan, que aunque pueda parecer frívolo desde el punto de vista externo, he de decir que son los hospitales. Eso sí, no por mucho tiempo, y es que espero volver este verano, como mis dos pasados, a dejarme notar de nuevo por los pasillos, las cabeceras de las camas, los quirófanos y darle al coco excusas para que no se olvide de pensar. Y hablando de excusas, cada vez tenemos menos para "hacernos el loco", al menos desde el punto de vista teórico.

Dame una sonrisa
Nos movemos de un servicio a otro sintiendo que en la mayoría de ellos podríamos ser más útiles de lo que realmente somos. Pero el plan está hecho así y según con quién te encuentres en tu camino lo aplicará a rajatabla en mayor o menor medida. Al menos uno se conforma con empaparse del ambiente del hospital -situación que hace un año comportaba una total emoción-, de conocer la especialidad que podría ser a la que le dedicarías todo tu tiempo en un futuro cada vez más próximo y por qué no, de entablar amistad con el personal sanitario. Y es que en el fondo, el servicio, por muy genérico que lo nombremos, se compone de eso, personas. Probablemente un mejor planteamiento de las prácticas mejoraría muy mucho la formación. No lo dudo, pero es lo que hay. ¿Acaso puedo poner algo más que mi ilusión, mi curiosidad y mis ganas?. Aún así no puedo quejarme; he tenido muchas posibilidades (aunque siempre sean dos) comparado con otros compañeros, y me he topado con situaciones y personas realmente comprometidas y encantadoras. Y es que cualquier granito de arena que puedes aportar en esas cuatro paredes reconforta, al paciente que sonríe, y por supuesto, a uno mismo.

Rotando por bastantes de los servicios pertenecientes a asignaturas de este año y alguna otra que no tiene nada que ver, especializándome en ecografías obstétricas y viendo unos cuantos nacer vamos definiendo un poquito más nuestro futuro, aunque sea de una manera lenta y pausada. ¿Quizás es mejor descartar que añadir a la lista? Aunque no sé que puede ser más difícil.

Y entre tanto pasan los días. Anécdotas que sumas a tu recetario particular, datos de "esto no te olvides" que casi se escriben solos en la libreta y ansias de que por fin hoy, te enseñen a hacer eso que te gustaría aprender; aunque a veces, nunca llegue. Pasan los días, los servicios, la gente. Pasan las horas, las hojas y los apuntes. Sumamos charlas, comidas, cenas, salidas, ejercicio, blog, teatro, familia. Añadimos momentos irrepetibles y momentos que quizás sería mejor olvidar, aunque en mi percepción como persona, creo que sirven para curtir un yo futuro especial. Abrimos libros y olvidamos música que hasta ahora nos permitía aliviar nuestro tormento en forma de acúfenos antes de lanzarnos en los brazos de Morfeo. Y al final, llega hasta el momento en el que nos encontramos.

Que pase mucho más tiempo, que sumemos muchos más momentos y que vayamos llenando de historias nuestro cerebro. No hay que olvidar de lo que estamos hechos, ni de lo que nos curte. Está prohíbido ignorar quiénes somos. Y por supuesto, está más que descartado dejar de vivir cada día intensamente.


Vivir no es sólo existir,
sino existir y crear,
saber gozar y sufrir
y no dormir sin soñar.
Descansar, es empezar a morir
.
Gregorio Marañón (1887-1960) Médico y escritor español

martes, 20 de marzo de 2012

Amar más allá de la muerte (editado)

"No hubiera sido lo mismo si no hubiera encontrado a Paloma. Paloma es una universitaria, aunque hace mucho que dejó la facultad, que conoció a Javier. Se casaron, tuvieron un hijo, otro hijo, luego una hija, otro hijo y así hasta ocho. Cuando Paloma se enteró de que estaba embarazada del noveno, a Javier le diagnosticaron un cáncer, que con toda seguridad iba a acabar con su vida en poco tiempo. Así fue, y justo una semana antes de que su noveno hijo naciera, Javier murió. Paloma no pudo ir a su funeral, aunque sí a su entierro.

Tiempo después, un día cualqiuera, me encontré con Paloma por la calle. Aunque Javier y yo sí éramos buenos amigos, con Paloma no había tenido una gran relación. Lo primero que me vino a la cabeza fue preguntarle "¿cómo estás?" pensando que empezaría a decirme que mira todo lo que había pasado, que se había quedado con nueve hijos y viuda... Sin embargo, su respuesta fue diferente. Ella me contestó "enamorada". Yo me asusté y pensé dentro de mí cómo había podido enamorarse tan pronto, aunque en cualquier caso iba a felicitarle. Ella me dijo "no te asustes, Miguel, estoy completamente enamorada de mi marido", mientras una lágrima caía entonces por su cara. "Intento dar mi sonrisa cada mañana a los nueve, ayudo a la mayor en su carrera, al siguiente a elegirla, a los más peques con los problemas del cole y el más pequeño todavía duerme en la cuna. Pero cuando llega la noche, todos están dormidos y sin que nadie pueda sospechar, me encierro en mi habitación y me siento en el borde de la cama mirando a la butaca en la que se solía sentar Javier. Le cuento cómo ha ido el día, que tiene que ayudar a uno de ellos que estamos teniendo problemas con el psicólogo, cómo le van los estudios universitarios a la mayor. Le pido que me guarde un sitio en el cielo junto a él, pero que no sea tan malo de llevarme hasta que todos estén puestos en su sitio. Estoy enamorada más allá de la muerte, Miguel.""

Estoy seguro de que no he reproducido fielmente cada palabra que ha salido de su boca en esta historia, ni con el sentimiento que él mismo ha reproducido su recuerdo. Tampoco estoy seguro de que esto se pueda publicar, aunque no pertenece como tal al hilo del coloquio. Sólo sé que quería dároslo a conocer, que vosotros también fueseis partícipes de la historia con la que ha dado prácticamente fin a una profunda disertación.

Hoy he ido a una charla dirigida especialmente a universitarios sobre cómo hablar en público. No era lo que nos esperábamos, sin embargo ha ido mucho más allá. Ha sido una disertación sobre la palabra, la comunicación, la importancia de cada uno de ser como somos, únicos e irrepetibles. "¿De qué me sirve un médico que sólo sabe de lo que se ha formado? Yo quiero un médico que con mirarme a los ojos, con decirme cinco palabras sepa calmarme, sepa decirme como estoy y qué tengo. ¿Por qué un abogado no puede tener interés en la antomía?". El uso de la palabra en las modalidades de la vida: el amor, la amistad, el trabajo y la fe. Que no nos de miedo participar, hablar, qué dirá el de al lado. Mirarnos en el espejo, dejar la tecnología y escuchar el silencio. Ver las estrellas, decirte te quiero. Pasar de los signos de tu maternidad: de tus patas de gallo, de tu tripita, de tu grasa en la cintura porque son signos de lucha y grandeza. Creer en lo sagrado del matrimonio que es capaz de hacerte dejar a tu familia, tu trabajo, tu ciudad para vivir la mayor aventura de todas, si se tiene la suerte de que todo sale bien. Un abrazo significa mucho más. No uses emoticonos, expresa lo que sientes. Lucha contra la pobreza léxica. Lee, ve series, películas para adentrarte en otros mundos, desplazando el real que se te hace pequeño. Sé curioso. Sé tú.

Sin duda alguna habría muchas más citas que recoger y el post podría no acabar nunca, pero por escrito no pueden transmitirse como merecen y no puedo hacer un post interminable, aunque ese par de horas lo daría sin ningún problema. Un diálogo de tú a tú, una persona cercana, un encuentro de esos de los que te vas con algo aprendido. Te ha servido para crecer. Al fin y al cabo, eso es lo que se propone él mismo. Que cada libro que escribe le sirva tanto a él como a sus lectores para crecer. No estoy hablando de un filósofo, filólogo, teólogo o psicólogo aunque en muchas facetas se parezca. Sino en un escritor desconocido, al menos para mí, que se ha dado a conocer de la mejor manera, y que por qué no decirlo, se ha vendido como el mejor postor. Pronto espero leer alguna de sus novelas, aunque me llama con especial atención "La hija del ministro". Quizás algunos ya sepáis de quién se trata. Para los que no, hablamos de Miguel Aranguren.

Desde aquí, mi agredecimiento por haber estado presente ante nosotros, mi enhorabuena por ser como es y mis mayores deseos para que siga teniendo el éxito desde sus comienzos, allá por los pasados diecinueve años.

Si os soy sinceros, yo también quiero algún día amar con tanta intensidad que sea amar más allá de la muerte.
(Recomiendo que no os perdáis el video)




EDITADO: La repercusión de este post ha sido mayor de lo que llegué a imaginar en el momento en el que lo escribí. Encontrado por Marta, la persona que ayuda en la promoción del nuevo libro de Miguel, leído por él mismo y con el empeño incesante del agradecimiento personal, que en realidad yo le debo. Publicación en facebook donde multitud de personas lo han leído como indican las estadísticas, algunos +1, me gusta o comentarios.

Sin duda, gracias porque este post viene desde la inspiración de tu voz, de tu sentimiento. Yo poco tengo que ver en esta historia aunque sea el autor del post. Nuevamente gracias por tus palabras, y vuestro empeño. Mucha suerte en todo lo que queda por vivir.

lunes, 12 de marzo de 2012

El arte de la publicidad: la carrera de la vida

"Estoy hecho de convicción, no de barreras
Estoy hecho de sudor, no de arrogancia
Estoy hecho de trabajo en equipo, no de individualidades
Estoy hecho del próximo punto, no del último
Estoy hecho de senderos inexplorados, no de caminos conocidos
Estoy hecho de cada obstáculo que he superado, no solo en la pista
Estoy hecho de una vida de entrenamiento, no solo de victorias
Estoy hecho de mirar al futuro, no al pasado"

La vida es como el deporte. Necesita perseverancia, ganas, ilusión. Un nuevo reto cada día, una meta que conseguir. Estar, vivir, trabajar, compartir, luchar, disfrutar. Cada momento es un nuevo obstáculo que saltar, un testigo que pasar en nuestra particular carrera de relevos. Está permitido caer, pero es obligatorio levantarse para llegar a la cima más alta, a la meta de tu día a día, a eso que hace sentirte feliz, manteniendo el equilibrio en el descanso, hacia un nuevo reto, hacia un nuevo día.



La vitalidad se revela no solamente en la
capacidad de persistir sino en la de volver a empezar.
Francis Scott Fitzgerald (1896-1940) Escritor estadounidense.

viernes, 2 de marzo de 2012

Porcentajes

Ni mi casa ni los hospitales a los que normalmente nos derivan para hacer las prácticas estás lejos de la facultad. Sin embargo, siempre que no estoy acompañado y puedo, voy con la música enchufada a mis oídos. Me gusta desconectar del mundo, escuchar más la música almacenada que la radio en ese momento y alguna que otra vez pensar que estoy en un video clip donde yo soy el protagonista y la imagen hace movimientos corales con la música que estoy escuchando. Para no aburrirme - es lo que digo yo.

Pero hay momentos en los que no me apetece desconectar del mundo sino formar parte de él. Rechazo la música inmediatamente, sin ni siquiera sacar el aparatito del bolsillo interior de la chaqueta para volver a escuchar todo lo que me rodea: el sonido del tráfico, el cuchicheo de la gente, el roce de mi cremallera de la chaqueta con el pantalón, la risa de un niño, el peso de mis pies. Y observo, observo mucho que es algo que me gusta, y que probablemente por deformación profesional, sea algo que realizamos con mucha mayor frecuencia de lo que hacíamos antes. Algo en lo que me fijo es en las personas. Observarlas a cada una dejando volar mi imaginación sobre lo que estarán pensado, o estando cerca de un hospital, lo que podrían estar soportando. Y es que hoy ha sido un día de esos en lo que mi mente ha rechazado la música.

Hemos comenzado las consultas con una afirmación del médico que nos había tocado que me ha llamado bastante la atención:

"El 30 % de los pacientes acapara el 70 % de las patologías"

A partir de ahí han comenzado a aparecer pacientes de todo tipo. La mayoría era gente mayor pero también la juventud tenía, más desgraciadamente, su protagonismo. Personas monopatológicas, pero también personas, pacientes cuyos antecedentes médicos y quirúrgicos sobrepasaban con tranquilidad las cinco o seis líneas: leucemia a los 31 años o un carcinoma renal asociados a alteraciones miocárdicas, valvulopatías y/o endocrinológicas, entre otras muchas y sumando, por supuesto, la patología por la que acudían a las consultas. Eran pacientes que requerían una mirada especial, y que con el suspiro del médico al abrir la historia nos hacía tenerlo en cuenta. La mayoría tenían múltiples patologías, y sin embargo prácticamente todas, al menos delante de la mesa, se encontraban felices, porque por ahora, a pesar de esas líneas, seguían ahí delante.

Cuando he salido del hospital, he ido observando a las personas que andaban por donde yo pasaba. Pero fueran con gente o sin ella, las he visto acompañadas. Acompañadas llevando encima de su cabeza un porcentaje, una probabilidad. Muchos de los apuntes que cogemos están plasmados de porcentajes, frecuencias, probabilidades, posibilidades, como si la epidemiología fuera el centro de atención de cualquier patología. Pero no sólo eso, sino que en la vida diaria tenemos multitud de estadísticas allá donde vayamos: encuestas electorales, votaciones en los medios de comunicación, composición de los alimentos, ventas esperadas de un producto. Sin embargo, probablemente, ninguna de estas tenga tanta repercusión.


Una persona siempre portará encima de su cabeza una frecuencia o un porcentaje que lo categorice, que le de una probabilidad: de padecer una enfermedad asintomática, sintomática, en uno u otro grado y más desgraciadamente un porcentaje de mortalidad en el que se incluye todo aquél que desaprece de este mundo. Sabemos que la mayor causa de muerte son las enfermedades cardiovasculares seguido de los tumores, que el 86 % de los pacientes con una insuficiencia cardíaca grado 4 de la NYHA va a fallecer en un año o que la mortalidad hospitalaria en ingresos por IAM son bastante bajos. También sabemos que el tumor de testículo es un tumor poco frecuente representando del 1-2 % de las neoplasias en varones, que el 9 % de las neumonías requieren un ingreso en UCI o que la supervivencia en un cáncer de próstata es del 96 %.

Una de las cosas que más me gustan de mi profesor de neumología es que no da las clases como todos los demás. Existe un escueto powerpoint sobre el que basarse. Todo lo demás lo aporta el razonamiento. Un caso, una experiencia, nuestra opinión, qué hacen los pacientes mal y qué debemos enseñar, por qué esto es así y no de la otra manera... Pero sobre todo me quedo con un razonamiento suyo: esta patología es más frecuente en varones, ancianos, cursa con estas manifestaciones clínicas en los porcentajes que podemos ver y le podemos dar este tratamiento. A veces no funciona. Pero,

"¿y si ese no es mi paciente? ¿Y si no entra dentro de mi frecuencia, de mis porcentajes, de una buena respuesta a ese tratamiento determinado, de lo típico?"

Debemos romper con los porcentajes, con las probabilidades que nos categoricen. Está claro que las estadísticas existen, pero no debemos guiarnos al 100 % por ellas. No debemos, en absoluto, caer en el error de pensar que llevamos un número plasmado encima de nuestra cabeza y que nosotros podemos estar dentro de esas probabilidades nefastas. Porque también podemos estar fuera de ellas. Podemos hablar del 60 % de mortalidad o del 40 % de supervivencia. Es como ver el vaso medio lleno, o medio vacío. En medicina, como bien se dice, ni todo es negro, ni todo es blanco y por supuesto 2 + 2 nunca es 4. ¿Por qué no luchar por cambiar el destino? Una buena prevención, un buen tratamiento, un buen cuidado. No dejarnos guíar por esa tabla de nuestros apuntes, de los libros, de los folletos, porque, quién sabe, podríamos estar delante o llegar a ser "ese otro paciente", aquél que consigue romper con las estadísticas.


La desesperanza está fundada en lo que sabemos, que es nada,
y la esperanza sobre lo que ignoramos, que es todo.
Maurice Maeterlinck (1862-1949) Escritor belga.

PD1: Siento mis desapariciones pero esta semana ha sido de locura. Sólo con ver mi lista de cosas pendientes...jaja. Eso sí, mis apuntes siguen ahí bien, gracias. Y llevo un catarrazo encima...xD.

PD2: Estamos de puente y toca triple cumpleaños en una casa de pueblo. Sólo nos han dicho tres cosas:
- Hay que participar.
- Hay que ir en ropa cómoda, preferiblemente chándal.
- El casting ya está hecho.
¡A saber qué se traen entre manos! Espero volver vivo :). Eso sí, antes de irme intentaré pasarme por todos los blogs. Mientras tanto, feliz finde :).

PD3: Ya sabéis que soy un poquito eurofan, así que os comento que mañana sábado echan la gala en tve (no la podre ver =( )para decidir la canción que representará Pastora Soler el próximo mayo. Mi favorita para el evento, así como para Pastora o la mayoría es "Quedate conmigo". Tiene que escucharse hasta el final. Yo ya me estoy imaginando la puesta en escena... Para conocer más aquí.

PD4: En "Hoy suena a" el videoclip oficial de "Cuando suba la marea" de Amaral.

lunes, 20 de febrero de 2012

En el nombre de mi hijo


"Me cuesta mucho escribir este artículo, y probablemente no lo haría si las circunstancias fueran otras. Pero me siento en buena medida obligado, y si abrirme las carnes en este foro sirve al menos para que los responsables políticos y los ciudadanos se replanteen los términos del debate, habrá merecido -y mucho- la pena.

Aunque en Aragón aún no se ha expresado oficialmente, y por más que Luisa Fernanda Rudi repita una y otra vez que la austeridad y los recortes presupuestarios no van a afectar ni a la sanidad ni a la educación, como buenos vecinos que hemos visto las barbas de los de al lado recortar, creo que muchos estamos poniendo las nuestras a remojo. Pero antes de abrir el grifo, deberíamos echar un vistazo a lo que podemos perder, porque creo que no somos en absoluto conscientes.

En septiembre de 2010, a mi hijo de diez meses le diagnosticaron una leucemia mieloide aguda. Un tipo de cáncer muy raro con bajas posibilidades de curación a consecuencia del cual falleció el pasado mes de agosto. No voy a relatar aquí el dolor que nos devasta a sus padres y a toda su familia, sino a dejar testimonio de la gratitud que sentimos hacia un grupo de profesionales sanitarios absolutamente excepcional.

Mi hijo murió después de que la ciencia médica agotara todas las posibilidades, y fue la sanidad pública la que puso a nuestra disposición todos los saberes y fármacos que se conocen actualmente, incluso algunos semiexperimentales. Expertos de toda España atendieron a mi hijo gracias a los recursos de las redes de investigadores y a la buena comunicación entre hospitales, y cuando todo se puso en contra, fueron capaces de encontrar una fórmula para limpiar su médula y que pudiera recibir un trasplante. Desgraciadamente, sufrió una recaída muy agresiva que nadie pudo controlar.

Durante todo el proceso, las doctoras y el resto del personal sanitario de la unidad de Oncopediatría del Hospital Miguel Servet de Zaragoza demostraron una entrega que excedió con mucho las exigencias profesionales. Me consta que mi hijo no hubiera recibido un trato ni siquiera levemente mejor en un centro de Estados Unidos que el que recibió de manos de las doctoras Carlota Calvo, Ana Carboné, Ascensión Muñoz y Carmen Rodríguez-Vigil en Zaragoza, o las doctoras Teresa Olivé e Izaskun Elorza, que dirigieron el trasplante de médula en el Hospital Vall d'Hebron de Barcelona.

Los recortes sanitarios que ya afectan a Cataluña se han cebado con la unidad que realiza los trasplantes, que han reducido su personal y ha tenido que cerrar cámaras de aislamiento. Esto puede suponer que se retrasen muchos trasplantes pendientes o que se deriven hacia unidades menos experimentadas. Alguien va a sufrir de forma muy dolorosa este tijeretazo.

La sanidad pública española ha conseguido unas cotas de excelencia pioneras en muchas áreas especializadas, y la oncología es una de ellas. Deshacer un trabajo que ha costado décadas conseguir -y que todavía debe ser mejorado para que los profesionales más brillantes no sientan la tentación de largarse a Estados Unidos- sólo puede achacarse a la mala fe. Quizá, vista en un estadillo, una partida presupuestaria sólo es un número, pero convendría conocer la realidad a la que afecta. Es obvio que mantener algo así cuesta mucho dinero, pero la cuestión es qué sociedad queremos: una que deje morir a los niños con cáncer sin hacer nada por ellos u otra que considere bien invertido ese dinero. Yo ya tenía claro cuál quería mucho antes de que naciera mi hijo".

Escrito por Sergio del Molino para "La ciudad pixelada"
Heraldo de Aragón, 2 de Octubre de 2011


Sentir que estás haciendo algo de la manera correcta es un placer. Saber que las cosas que haces bien son para intentar ayudar al prójimo es, sin duda, algo mucho mejor. Que no seas el único que valora y agradece tus hechos, que se transformen en detalles y palabras, es una sensación totalmente inimaginable.

Si hay que apretarse el cinturón por la puñetera crisis, que no sea afixiando a la educación, la sanidad y la investigación, pilares básicos de ser y crecimiento en nuestra sociedad. No estoy diciendo que no se adopten medidas para flexibilizar el despilfarro, pero que en ningún momento una nueva medida sea un paso atrás en todo lo que cada día, con el esfuerzo de todos, estamos consiguiendo. Y es que todavía queda mucho por hacer.

Dedicación especial para Sergio y
Día Internacional de los Niños con Cáncer del 15 de Febrero. Simplemente, gracias.

P.D. En "Hoy suena a" Cuando suba la Marea de Amaral. 



lunes, 30 de enero de 2012

Nuit Blanche

Tengo varios blogs que descubrir, posts que comentar y otros tantos por escribir. Ya se sabe que cuando uno está con el agua casi al cuello es cuando aparecen un montón de cosas interesantes que te llaman la atención y que te tientan a abandonar tu trabajo por esa diversión que parece que no se encuentra el resto del tiempo. Un blog, una película, un juego, una web...o incluso pasar un rato mirando a las musarañas. Es lo que hay, aunque ahora mismo por mi bien, debo seguir centrado a ORL y OFT. Mientras tanto, y entre tema y tema, os dejo una entrada especial. Feliz lunes :).

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El poder de una mirada, el efímero e intenso sentimiento que invade todo nuestro cuerpo desde los pies a la cabeza, la lucha de las partes, el poder de la imaginación, la intensidad de una conexión infinita...


Nuit Blanche explora un momento fugaz entre dos extraños, revelando su estrecha conexión en una fantasía de hiper realidad.

(recomiendo encender altavoces y reproducir en HD)



Nuit Blanche from Spy Films on Vimeo.

martes, 17 de enero de 2012

Mi gimnasio me tiene manía


Día 1. Tarde libre en la que apetece probar un poquito más allá de las clases de Pilates a-las-que-parezco-únicamente-abonado-pagando-cuota-completa. Aunque tampoco me voy muy para allá, y decido que, visto que si me he apuntado aquí es para principalmente ponerme buenorro por mi espalda, me meto en la clase de espalda sana. Único chico en una clase de siete personas. Casi como en familia, estoy acostumbrado. Genial. Salgo de la clase y me voy rápidamente al piso de abajo a la clase de Pilates (ya que estamos sudorosos aprovechamos). Hay bastante gente, pero creo que entraremos -pienso ingenuamente. ERROR.
Pero no, el tope era de 17 personas. ¿Sabéis quién era el número 18?. "Lo siento, sólo caben 17 y mira lo justo que estamos. Otro día nos vemos chavalote ¬¬". Pues eso, a la ducha y a mi casita.


Día 2. Venga, hoy me apetece un poco de cardio, que para eso está y me he abonado a todo. Y, ¿qué es lo que más me mola?. Andar/correr en la cinta mientras veo algo interesante en la pantalla. Entro y veo dos disponibles de las que tienen tele y me lanzo corriendo a la que está rodeada de más novatos. Me subo, intento ponerla en marcha, y nada, que la pantalla no quiere interactuar con mi dedo. Le pego varias tortas y antes de que me manguen la que está dos más a mi derecha me voy corriendo a ella. Un señor me mira de forma muy rara.

"Venga, como hace mucho que no haces deporte, empezamos suavecito y vamos subiendo tanto en inclinación como en velocidad". ERROR.
No sé cómo e intentando subir de dos a tres km/h, mi mano se desliza suavemente hacia los 15km/h. La máquina se pone a toda pastilla y yo comienzo a taquicardizar mientras se activa la televisión, aparece la imagen de Sálvame (cosa que me hace elevar mis pulsaciones mucho más) e intento desesperadamente encontrar el hueco de los auriculares que no lo veo. Tiro todo a cascala e intento como si no hubiera un mañana bajar esa condenada velocidad. No quiere. De nuevo la rebelión de las pantallas táctiles contra mi persona. Yo intentando no caerme, manteniendo el equilibrio, sudando como un cerdo y corriendo como si me intentaran atracar por detrás. El señor de al lado mirándome MUY raro por segunda vez. Al final, entre pausa y pausa de mi corazoncito descubro que los mangos tienen botones para controlar los comandos. ¡ALELUYA! Mi corazón da una vuelta (¿o será paro cardíaco?) cuando consigo recuperar mi velocidad querida. Ahora sí, comienza la función: encuentro el agujerito de los cascos, cambio a The Big Bang Theory y voy subiendo controladamente la marcha. Giro a la derecha...¡y me encuentro una señora subida y corriendo en la que me había hecho la púa!. Máquina, no me hables nunca más ¬¬. Aguanto poco, no estoy para estos trotes. Pero ante la desesperada de "¡si he venido aquí es para hacer algo y no estar veinte minutos sufriendo!" me mudo a la elíptica de al lado cuando la mujer se va.

"Ay, Dios mío, qué duro va esto, yo no aguanto!!"  - pero tengo que aguantar porque si me voy a los dos minutos el señor que me mira raro me mirará MUCHO más raro. Ay...
De repente el señor se baja y se da la vuelta para montarse en una elíptica de detrás...Sí, ya casi cinco segundos después estaba en la ducha. ¡¡Salí volando de ahí sin que me viese!!

No, tampoco caí en que existe un botón de parada de emergencia.
Pero...¿y si se pone a pitar como una loca? :S
Día 3. Pero mi verdadera pasión es la natación. Así que yo todo decidido y después de estrenarme con una amiga me decido un día de media mañana libre y sin cundir en la biblioteca ir a nadar hasta la clase siguiente. Debía todo ser rápido y coordinado. ERROR.
Me cambio, hago mis largos y con la hora programada para llegar a casa, coger una manzana reponedora e irme corriendo a la facultad salgo para ducharme. ¡Sorpresa!. Intento abrir mi taquilla de los vestuarios...y no abre :S. El pitorrico que debe SALIR, no sale por mucho que tires. Yo ahí en bañador paquetero, mojado y con las gafas de bucear puestas intentando estirar dejándome las huellas dactilares. En el vestuario sólo un tío bueno en pelotas secándose.
"Es mi única opción...pero cómo voy a ir a decirle algo ASÍ!!". Ay, el reloj sigue sumando minutos.
Al poco tiempo mi salvación hecha persona aparece por una de las puertas. Me mira raro:

TE ODIO
- Tienes que tirar muy fuerte mientras le das golpes a la puerta
- ¿Golpes?
- Sí, así.
Lo intento, parece que funciona y va saliendo la cosa.
- Pero no termina de salir :S. ¿Puedes intentarlo tú?
- Sí, mira
- Ohh, ohhh -casi lloro de la emoción - Gracias, gracias! - Casi suelto un te quiero.

¡Y es que ya me veía yo yendo a clase mojado, en bañador paquetero y con las gafas de bucear porque las llaves de mi casa estaban dentro!

Decido cambiar a una taquilla comprobada para que no me la vuelva a hacer después de la ducha. Taquilla crucificada para siempre.

Día 4 u...hoy. Me decido ir a hacer unos largos para, después de descansar un mes entre Navidades y la muela, coger una rutina diaria de ejercicio.
- Primer aviso: acabo de descubrir que me he metido sin querer en el carril para rápidos
- Segundo aviso: esa chica que acaba de entrar va muucho más deprisa que yo, habrá que acelerar
- Tercer aviso: ay, noto la pierna derecha rara. Me faltará potasio, luego compro plátanos.
- Cuarto aviso: yo en mitad de mi calle con un dolor horrible y el gemelo contraído a más no poder.

Ay, ay, ay...Llegamos a la orilla, la señorita avisa a la socorrista y medio riéndose me dice cómo arreglarlo (me cagüen to, y yo en 4º de medicina y ahora mismo no se me ocurre...ayy duele!). Se pasa, huyo al jacuzzi diez minutitos no lo vayamos a forzar y la liemos y me voy a mi taquilla. Y si en su día tuve rebelión de pantallas, ahora es de taquillas. La que justo acababa de meter las cosas se había solidarizado con la anterior y estaba a punto de hacermela buena...

Pero ¡NO! ¡¡¡JÁ!!!. Les tengo pillado el truco así que no ha habido ningún problema. Eso sí, cuando he salido he comprado plátanos, he merendado a base de fruta, estoy medio empanado y aquí sigo con el dolorcillo...¡Y yo que me había levantado lleno de energía! ARGH.

¿Es manía o no es manía?. Mañana no sé si volveré que hoy ha cundido cero pelotero. Pero, ¡qué se cuide a meterse conmigo algún día más! Jum...¬¬.

lunes, 16 de enero de 2012

La chica del ascensor


Esto no es una historia de amor apasionado, un melodrama típico de sobremesa o un capítulo de "cómo conocí a vuestra madre". Bueno, quizás esto último sí. Y es que aunque no hablamos directamente el uno y el otro, ni estuvimos solos en el ascensor ni tan siquiera estuvimos al lado...Aunque no nos hayamos vuelto a ver nunca más y ni siquiera sepa cómo se llama, algo sí había en ese momento, al menos en mi interior.

(momento en el que el 95% de los lectores han dicho buuu y han abandonado el blog)

He de decir que yo como persona he sido siempre dado a ese interés repentino, a ese entrar por los ojos, a esos flechazos que me hagan decir wow. Para entendernos, no traídos desde la belleza o su personalidad (aunque esto último cuenta muchísimo) sino desde la sensación de que tiene algo personal impactante, que llama la atención, como algo mágico que posteriormente intentarás conocer en profuncidad como si de una forma mecánica se produjese. Y aunque nunca llegue a nada (¡ouch!) siempre queda la sensación del momento, de ese en el que te hicieron levitar.

Así pues toda historia tiene un comienzo, y como tal, ésta tiene el suyo propio. Era un día de marzo de este año que acabamos de terminar y por horario de prácticas a mi me tocaba deambular por el hospital, ese día en consultas externas. Mi acompañante, un compañero que no nos tenemos mucho cariño, pero hay respeto. Nuestro médico, una increíble persona. Ya mayor, y según informaciones recibidas ya jubilado a pesar de su insistencia en aguantar hasta los 70. Te comprendía, te enseñaba, se preocupaba por ti y te hablaba como si fueras su hijo, o más bien su nieto mientras te contaba anécdotas, chistes o cosas que a él personalmente le sacaban de quicio, sobre todo en cuanto a la profesión sanitaria se refería. Gran defensor de los pacientes, amante de la sociabilidad y bromista por naturaleza. Un ambiente buenísimo en el servicio, sin ninguna duda. Y un hombre al que recordaré con mucho cariño siempre a pesar de que sólo pude estar con él tres semanas.

Aquél día vino a consulta un amigo suyo, y como buen amigo, y además de campo, le trajo unos cuantos -o mejor dicho, unos muchos- espárragos trigueros que ocupaban barbaridad de lo grandes que eran envueltos en un periódico, tal que así:


Cuando acabó la consulta, y en vistas que era pronto todavía, subimos a planta para por una parte dejar los espárragos en algún lado y por otra intentar hacer alguna historia en ese rato hasta la clase siguiente. Como supongo que sucederá en todos los hospitales o en su mayoría, las consultas externas están separadas del llamado Hospital General. En nuestro caso están en un edificio aparte que se comunica por un pasillo acristalado donde al final encontraremos los ascensores para moverte por las distintas plantas. Ya os podéis imaginar cuál es el espectáculo al moverte por un hospital abarrotado en plena hora punta mediquil un tío grande, en bata blanca con un saco de espárragos trigueros que casi ocupan más que él debajo del brazo y dos escoltas detrás, de bata blanca también intentando mantener una conversación coherente entre uno y otros. Lo mejor, el detalle de que todo el mundo te mira, y de que tanto él, como los escoltas íbamos saludando mientras nos respondían son una profunda sonrisa (entre el descojone y la curiosidad, y eso).


Supongo que todo el mundo sabrá cómo va el tema de los ascensores en el hospital. Existen para público y para personal exclusivo. Nunca llegarán cuando tú llegues. Ni a los cinco minutos de estar esperando. Pequeña es la probabilidad de que llegue en los siguientes cinco. Mientras tanto la gente en espera va creciendo y se agolpa en cuanto se abre uno (y entonces aparece un señor con una cama y dice: yo primerrrr. Y hala, a esperar otra vez). Pero por fin llegó uno y nos montamos dentro, al fondo, para dejar hueco para las plantas que hace parada (=todas). Nos montamos nosotros, una mujer y un hombre de mediana edad con bata blanca, y en el fondo había ya una chica que venía del (semi)sótano. Una chica de piel clara, pelo castaño mediano recogido en una coleta, vestida de calle aunque con una bandolera  azul que parecía que iba a reventar. Además, era guapa, y por supuesto tenía esa magia tan interesante. La miré con un hola. Me miró. Mi compañero en la parra y nuestro médico con su momentánea forma de llamar la atención fue el centro de toda conversación. Los señores de bata blanca y él, algo se conocían, y una simple pregunta con acento típico de nuestra tierra encendió la mecha del parloteo: ¡¿Pero qué lleva ahí doctor?!.

A partir de ese momento el desvarío fue máximo contando de dónde habían salido los espárragos, lo buenos que estaban y por supuesto, lo grandes que eran:

- Pues no había visto unos espárragos trigueros tan grandes en mi vida - mujer en bata
- Pero si medirán metro y medio, y anda que no estarán buenos. Yo cuando me los ha traído me he quedado, pero chachooo ande vas con eso tan grande. Pero qué además vale todo, ¿eh?. (expresión de risa muy curiosa que tiene el hombre). ¿Si o no? - le pregunta a mi dama.
- Sí, sí - responde bajito con una sonrisa de oreja a oreja conteniéndose la risa.

Ojalá hubiera tenido una grabadora en el momento, una buena memoria o hubiera estado más atento a la conversación porque no tenía desperdicio. Pero mientras los escuchaba de fondo, no podía dejar de mirarla. Sus gestos, sus miradas al suelo, sus moviemientos de ojos o cómo contenía la risa. Su sonrisa. Y lo mejor, que su mirada se desviaba hacia la mía de vez en cuando para hacerme cómplice de su este tío está loco. Podríamos haber parado en todas las plantas como en ninguna porque el tiempo se paralizó para mi. Normalmente odias que pare en cada planta mientras te desganitas pensando que estás llegando tarde a tu cita. Ese día no me enteré. Sólo sé que los señores con bata bajaron antes y que luego le llegó el turno a ella. Con un adiós vergonzoso (¡adiós maja!- se despidió el de los trigueros con su acento particular) y una sonrisa a los pasajeros se despidió mientras salía del ascensor, pero no quiso dejar que se cerraran las puertas sin volverme a dedicar una mirada. Yo me quedé flotando, pensando que hubieran pasado horas desde que nos habíamos montado en el ascensor. La sensación era increíble, hacía mucho que no experimentaba algo así. Sólo sé la planta en la que se bajó, y que además, para más inri, está dedicado a dos servicios. Así que no sé a qué servicio iba, si era auxiliar, enfermera, médico, estudiante en prácticas o una mera persona visitante.

No sé qué hice después en el rato previo a la clase, pero sólo sé que llegué y le comenté a mi gente todo lo que había pasado. Estaba totalmente emocionado, todavía levitando.

- ¡Jo!. Si hubiera estado ahí le hubiera pedido una compresa o algo - me dijo una amiga iluminada.
- Hombre, casi mejor un klinex o la hora, ¿o qué?.
- Hombre, también es verdad. Aunque si hubiera sido una compresa me hubiera llevado a donde las tienen y hubiéramos sabido el servicio. Pero bueno, a lo que vamos, ¡¡haberle dicho algo!!.
- Puff...¿y si vuelvo por ambos servicios a investigar?
- ¿Cuándo quieres que lo hagamos?
- [Mirada melancólica y silencio pausado] Sólo sé que puede ser la madre de mis hijos...

En ningún momento volví a investigar. Ha pasado ya tiempo y eso no ha hecho que me olvide de su cara o sus gestos. De su sonrisa interior. De cómo se comportaba. Cuando escucho alguna canción determinada o las hormonas juegan su papel en los momentos más meláncolicos de tu vida, de vez en cuando aparece su imagen. Me temo, que por mucho que lo haga, se quedará para siempre encerrada en mi memoria.

P.D. Sé que os la debía y no me he levantado de la silla hasta que he acabado. Al fin y al cabo, hoy me lo estoy tomando de relax, que lo de esta mañana, ha ido requetebien :).

P.D.2. Intento ver algunos de vuestros blogs y comentar y no me deja, se pone la pantalla en blanco :S. Supongo que volverá a ser IE...Espero que pase pronto que lleva unos días tonteando. Por lo menos es a blogs alternos cada día.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Haciendo memoria...FELIZ 2012


Vuelta al punto de no retorno en el que nos encontrábamos hace trescientos sesenta y cinco días; ni uno más, ni uno menos. Es lo que tiene que nuestra medición del tiempo sea cíclica: tras las doce va la una y tras diciembre se abre paso el frío mes de enero. Sin embargo, algo que no vuelve atrás y que además deja huella, son los años. Todos cumplimos años, aunque algunos no quieran, y celebramos la entrada de uno más que se generaliza para todos aunque contiene los recuerdos pasados, los deseos futuros y las nuevas esperanzas de cada uno en particular.

Recuerdo muchas nocheviejas a lo largo de mi cada vez más dilatada vida. Nací acompañado de un par de cadenas de televisión pero hasta que tuve uso de razón y decidí probar nuevas opciones que me llamaran la atención con más o menos acierto (lo siento, Marisa Naranjo inauguró mi año, yo no estaba presente, pero recordemos por qué no a Irma Soriano o Carmen Sevilla y sus dedicatorias), siempre nos tomábamos las uvas con, por entonces, La Primera de Televisión Española, y casi siempre acompañados del rostro de Ramón García y su capa. Celebración familiar, más o menos escueta en mi caso, llamadas, mucho espumillón, villancicos, disfraces, bailando y riendo con "Al ... con La Primera" hasta quedarnos dormidos en el inicio de un nuevo año. En mi memoria no hay ningún recuerdo de que me haya atragantado, aunque he de decir que más de una vez me he adelantado a los tolones de la gran campana; será que tenía ganas de inaugurar otra tanda de días en serie.


Con el tiempo todo ha ido evolucionando. La televisión cada vez hace apuestas más arriesgadas (y es que ojo, meter a la Pantoja, su hijo y JJ Vázquez en un mismo balcón tiene su riesgo...) y los que ya no somos tan críos hemos volado del nido del cuco hacia algún cotillón casero, o desde el año pasado, a alguna opción barata que nos permita celebrar la entrada del año con traje, música y la compañía de buenos amigos. La botella de anís y la cuchara se han convertido en un DJ y las llamadas de tus vecinos al timbre en meros sms en su mayoría prefabricados, que para que decir una mentira, se agradecen. Pero ya nada es lo que era. Sólo hay que echar un vistazo a nuestro alrededor. Quizás dentro de un tiempo me toque darle al anís y la cuchara con un miniMDoc correteando por la casa, como en los viejos tiempos, aunque por ahora sueño con un fin o inicio de año vienés al son del famoso Concierto de Nochevieja y/o Año nuevo



Pero algo que no ha cambiado ha sido la tradición de los recuerdos y las promesas. ¿Quién no se pone a recordar todos los momentos del año y hace sus propósitos de Año Nuevo?. Si echamos la vista atrás, he de decir que el 2011 ha sido un año bastante bueno. A pesar de sus menos importantes como son alguna historia familiar que podría desbaratar la paz dignamente conseguida, algún problemilla de salud entre otras historietas que no merecen ser recordadas, cada uno de los días nos han dado algo bueno que celebrar, seguro. Aunque sea la sonrisa de un desconocido en el autobús hacia el trabajo, el gracias de una persona agradecida, el abrazo de un amigo, un email, una canción de la radio, ese buen desayuno, una llamada, un regalo, un mensaje, un atardecer, un beso...


Si os soy sincero yo no soy de los que hace propósitos de Año Nuevo. No. Yo soy de los que hace propósitos de Curso Nuevo. Es decir, me propongo cosas que luego más o menos se cumplen en septiembre, cuando empieza el volver a tu rutina, a tu curro, a sumar, en  mi caso, un curso nuevo poco a poco a tus espaldas. Hace ya tres años, éste fue el tema de monólogo que me tocó en un examen de la escuela de idiomas. No fumo, no bebo, estudio...¿de qué más quieres que hable?. Intenté ser original, explicar mis razones. No hubo suerte, pero no importa. Espero y deseo que se cumplan cada uno de mis propósitos, y de los vuestros.

Sin más, y siendo mi primer año de presencia decente por la blogosfera me gustaría brindar por todos los momentos buenos que hemos pasado,los compartidos y los que no, por disfrutarlos y por conocer gente magnífica que jamás hubiera podido imaginar. Porque cada uno tiene algo de especial. La persona y el segundo es algo que tienen en común. Mi deseo grande para que este año se cumplan todos nuestros sueños y que cambie a mejor con la condición de que no lo hagamos nosotros.

Un abrazo muy grande a todos y cada uno de vosotros.

¡Feliz y Próspero 2012!





"En la puerta del sol, como el año que fue..."

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