"La vida no se trata de esperar a que pase la tormenta. Se trata de aprender a bailar en la lluvia " (Vivian Greene)

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miércoles, 25 de enero de 2012

Profesor, gracias


Hace poquito descubrí un video proveniente del Proyecto Baalya cuyo lema es Difundiendo Infancia. El nombre del proyecto, Baalya tiene su origen en una lengua clásica de la India, el Sánscrito, cuyo significado es "infancia", y el proyecto se apoya en la divulgación de contenidos de actualidad por y para los especialistas de la infacia y la educación infantil. Poco tiempo he tenido para investigar así que lo haré próximamente, pero quería hacer esta entrada como el inicio de una cosa parecida a un meme. El video da las gracias a ese profesor que nos ayudó a ser lo que hoy somos. Cosa que hay que apoyar frente al gran número de agresiones a docentes que aparecen en las noticias cada día. El "meme" consistiría en publicar una pequeña historia (quizás yo me he alargado un poquito) sobre aquél profesor o profesora, maestro o catedrático que te ha marcado durante tu vida, y darle las gracias. Publicar después justo debajo el video del proyecto.

"Muchos han sido los profesores que me han marcado a lo largo de mi vida, desde mis vagos, pero bonitos recuerdos de Infantil hasta la actual Universidad, donde la relación con el profesor tiende por lo general a ser menos de tú a tú, aunque hay profesores que consiguen traspasar esa barrera y acercarse como un amigo más. También por supuesto, hay profesores que mejor no haberlos tenido debido a su nula vocación docente, carisma o empatía, pero que ahí han pasado también a lo largo de nuestra vida. Así pues hablaré de la Educación Primaria, de algo clave para el desarrollo de la persona, no sólo en conocimientos sino también en capacidades de sociabilización y ser persona. El desarrollo básico y el pilar sobre el qué sustentarte en tu futuro.

Uno de los profesores que con más cariño recuerdo es aquél mayor en años y en sabiduría pero joven de ánimo. Tenía el pelo canoso, aunque nada ausente y se le hacía llamar Don Pascual. No era Don porque él se presentara como tal, sino que la tradición y su forma de ser hacía que todo el mundo que pasaba por su lado se dirigiera a él como tal. Cosa que por supuesto nunca denotaba superioridad, a pesar de lo que puediera parecer.

Don Pascual era profesor de matemáticas y hacía tándem con la secretaría del centro, cuya directora era su propia esposa.  Algo que podría ser una clase de matemáticas sin más, él promovía el interés y la necesidad de aprender algo que sería base en nuestro futuro. Y es que, ¿acaso no nos sustentamos en sumas, restas, multiplicaciones y divisiones? Incluso en fracciones, o como decían nuestros padres, en esos tan odiosos quebrados con todas sus propiedades.

Él no sólo daba la clase con pizarra, tiza y borrador (muy lejos de las actuales tabletas electrónicas), ni nos señalaba lo más importante, sino que además nos repartía unas famosas cuartillas llenas de operaciones todos los días para hacerlas como tarea en casa. Cada día, Don Pascual preparaba X operaciones en una cuartilla que repartía a todos y que luego corregía para devolvérnosla con nuestros resultados. Cada día variaba la complejidad, e incluso hacia mitad de curso nos introducía el factor tiempo obligándonos a poner en el margen superior cuántos minutos y segundos nos había costado hacerlo.

Pero no era una máquina sistemática. Don Pascual controlaba a cada uno de los niños.  Sus dificultades y sus tiempos. Tanto era así que ante cualquier problema, no tenía reparo en quedarse por las tardes hasta las tantas en el centro ayudando al alumno ante cualquier duda que tuviera mientras él hacía cosas de secretaría. ¡Cuántos compañeros míos, e incluso alguna vez yo, hemos estado sentados en esas sillas de los despachos!.

Su preocupación pasaba las fronteras meramente docentes y se dedicaba también a la elección de reportajes para el periódico del centro y siempre estaba allí para cualquier problema que nos sucediese. Broncas, dudas, caídas...Era nuestro querido Don Pascual, aquél que nos enseñaba no sólo que las matemáticas podían tener su punto divertido, sino que el mundo iba más allá de la pelea con fulanito o la elección de equipo en educación física.

Hoy está jubilado junto con su mujer. Espero que disfruten de todos estos años después de ayudar a tantísimos niños a salir con unas cualidades, no sólo ténicas, sino también humanas"


No selecciono a nadie porque no todos hemos tenido la misma suerte o desgracia con los profesores ni todos tienen una historia que contar o las ganas para hacerlo. Así que si a alguien le ha gustado y quiere seguir el meme para dar las gracias a ese profesor y a todos esos profesores que hacen su labor docente y humanitaria con un gran corazón, bienvenidos sois.

Dedicado especialmente a Pumukis, por la labor
tan importante que hace con sus minipersonitas.

lunes, 16 de enero de 2012

La chica del ascensor


Esto no es una historia de amor apasionado, un melodrama típico de sobremesa o un capítulo de "cómo conocí a vuestra madre". Bueno, quizás esto último sí. Y es que aunque no hablamos directamente el uno y el otro, ni estuvimos solos en el ascensor ni tan siquiera estuvimos al lado...Aunque no nos hayamos vuelto a ver nunca más y ni siquiera sepa cómo se llama, algo sí había en ese momento, al menos en mi interior.

(momento en el que el 95% de los lectores han dicho buuu y han abandonado el blog)

He de decir que yo como persona he sido siempre dado a ese interés repentino, a ese entrar por los ojos, a esos flechazos que me hagan decir wow. Para entendernos, no traídos desde la belleza o su personalidad (aunque esto último cuenta muchísimo) sino desde la sensación de que tiene algo personal impactante, que llama la atención, como algo mágico que posteriormente intentarás conocer en profuncidad como si de una forma mecánica se produjese. Y aunque nunca llegue a nada (¡ouch!) siempre queda la sensación del momento, de ese en el que te hicieron levitar.

Así pues toda historia tiene un comienzo, y como tal, ésta tiene el suyo propio. Era un día de marzo de este año que acabamos de terminar y por horario de prácticas a mi me tocaba deambular por el hospital, ese día en consultas externas. Mi acompañante, un compañero que no nos tenemos mucho cariño, pero hay respeto. Nuestro médico, una increíble persona. Ya mayor, y según informaciones recibidas ya jubilado a pesar de su insistencia en aguantar hasta los 70. Te comprendía, te enseñaba, se preocupaba por ti y te hablaba como si fueras su hijo, o más bien su nieto mientras te contaba anécdotas, chistes o cosas que a él personalmente le sacaban de quicio, sobre todo en cuanto a la profesión sanitaria se refería. Gran defensor de los pacientes, amante de la sociabilidad y bromista por naturaleza. Un ambiente buenísimo en el servicio, sin ninguna duda. Y un hombre al que recordaré con mucho cariño siempre a pesar de que sólo pude estar con él tres semanas.

Aquél día vino a consulta un amigo suyo, y como buen amigo, y además de campo, le trajo unos cuantos -o mejor dicho, unos muchos- espárragos trigueros que ocupaban barbaridad de lo grandes que eran envueltos en un periódico, tal que así:


Cuando acabó la consulta, y en vistas que era pronto todavía, subimos a planta para por una parte dejar los espárragos en algún lado y por otra intentar hacer alguna historia en ese rato hasta la clase siguiente. Como supongo que sucederá en todos los hospitales o en su mayoría, las consultas externas están separadas del llamado Hospital General. En nuestro caso están en un edificio aparte que se comunica por un pasillo acristalado donde al final encontraremos los ascensores para moverte por las distintas plantas. Ya os podéis imaginar cuál es el espectáculo al moverte por un hospital abarrotado en plena hora punta mediquil un tío grande, en bata blanca con un saco de espárragos trigueros que casi ocupan más que él debajo del brazo y dos escoltas detrás, de bata blanca también intentando mantener una conversación coherente entre uno y otros. Lo mejor, el detalle de que todo el mundo te mira, y de que tanto él, como los escoltas íbamos saludando mientras nos respondían son una profunda sonrisa (entre el descojone y la curiosidad, y eso).


Supongo que todo el mundo sabrá cómo va el tema de los ascensores en el hospital. Existen para público y para personal exclusivo. Nunca llegarán cuando tú llegues. Ni a los cinco minutos de estar esperando. Pequeña es la probabilidad de que llegue en los siguientes cinco. Mientras tanto la gente en espera va creciendo y se agolpa en cuanto se abre uno (y entonces aparece un señor con una cama y dice: yo primerrrr. Y hala, a esperar otra vez). Pero por fin llegó uno y nos montamos dentro, al fondo, para dejar hueco para las plantas que hace parada (=todas). Nos montamos nosotros, una mujer y un hombre de mediana edad con bata blanca, y en el fondo había ya una chica que venía del (semi)sótano. Una chica de piel clara, pelo castaño mediano recogido en una coleta, vestida de calle aunque con una bandolera  azul que parecía que iba a reventar. Además, era guapa, y por supuesto tenía esa magia tan interesante. La miré con un hola. Me miró. Mi compañero en la parra y nuestro médico con su momentánea forma de llamar la atención fue el centro de toda conversación. Los señores de bata blanca y él, algo se conocían, y una simple pregunta con acento típico de nuestra tierra encendió la mecha del parloteo: ¡¿Pero qué lleva ahí doctor?!.

A partir de ese momento el desvarío fue máximo contando de dónde habían salido los espárragos, lo buenos que estaban y por supuesto, lo grandes que eran:

- Pues no había visto unos espárragos trigueros tan grandes en mi vida - mujer en bata
- Pero si medirán metro y medio, y anda que no estarán buenos. Yo cuando me los ha traído me he quedado, pero chachooo ande vas con eso tan grande. Pero qué además vale todo, ¿eh?. (expresión de risa muy curiosa que tiene el hombre). ¿Si o no? - le pregunta a mi dama.
- Sí, sí - responde bajito con una sonrisa de oreja a oreja conteniéndose la risa.

Ojalá hubiera tenido una grabadora en el momento, una buena memoria o hubiera estado más atento a la conversación porque no tenía desperdicio. Pero mientras los escuchaba de fondo, no podía dejar de mirarla. Sus gestos, sus miradas al suelo, sus moviemientos de ojos o cómo contenía la risa. Su sonrisa. Y lo mejor, que su mirada se desviaba hacia la mía de vez en cuando para hacerme cómplice de su este tío está loco. Podríamos haber parado en todas las plantas como en ninguna porque el tiempo se paralizó para mi. Normalmente odias que pare en cada planta mientras te desganitas pensando que estás llegando tarde a tu cita. Ese día no me enteré. Sólo sé que los señores con bata bajaron antes y que luego le llegó el turno a ella. Con un adiós vergonzoso (¡adiós maja!- se despidió el de los trigueros con su acento particular) y una sonrisa a los pasajeros se despidió mientras salía del ascensor, pero no quiso dejar que se cerraran las puertas sin volverme a dedicar una mirada. Yo me quedé flotando, pensando que hubieran pasado horas desde que nos habíamos montado en el ascensor. La sensación era increíble, hacía mucho que no experimentaba algo así. Sólo sé la planta en la que se bajó, y que además, para más inri, está dedicado a dos servicios. Así que no sé a qué servicio iba, si era auxiliar, enfermera, médico, estudiante en prácticas o una mera persona visitante.

No sé qué hice después en el rato previo a la clase, pero sólo sé que llegué y le comenté a mi gente todo lo que había pasado. Estaba totalmente emocionado, todavía levitando.

- ¡Jo!. Si hubiera estado ahí le hubiera pedido una compresa o algo - me dijo una amiga iluminada.
- Hombre, casi mejor un klinex o la hora, ¿o qué?.
- Hombre, también es verdad. Aunque si hubiera sido una compresa me hubiera llevado a donde las tienen y hubiéramos sabido el servicio. Pero bueno, a lo que vamos, ¡¡haberle dicho algo!!.
- Puff...¿y si vuelvo por ambos servicios a investigar?
- ¿Cuándo quieres que lo hagamos?
- [Mirada melancólica y silencio pausado] Sólo sé que puede ser la madre de mis hijos...

En ningún momento volví a investigar. Ha pasado ya tiempo y eso no ha hecho que me olvide de su cara o sus gestos. De su sonrisa interior. De cómo se comportaba. Cuando escucho alguna canción determinada o las hormonas juegan su papel en los momentos más meláncolicos de tu vida, de vez en cuando aparece su imagen. Me temo, que por mucho que lo haga, se quedará para siempre encerrada en mi memoria.

P.D. Sé que os la debía y no me he levantado de la silla hasta que he acabado. Al fin y al cabo, hoy me lo estoy tomando de relax, que lo de esta mañana, ha ido requetebien :).

P.D.2. Intento ver algunos de vuestros blogs y comentar y no me deja, se pone la pantalla en blanco :S. Supongo que volverá a ser IE...Espero que pase pronto que lleva unos días tonteando. Por lo menos es a blogs alternos cada día.

jueves, 15 de diciembre de 2011

El "pequeño" milagro


Cada día en los quirófanos de nuestros hospitales se realizan impresionantes maravillas gracias a un excelente equipo de sanitarios, y en especial de cirujanos. Pueden ser cirugías de pequeñas tonterías o ser un problema muy serio, pero es algo tan frecuente que un alto porcentaje de la población es probable que haya pasado por la experiencia, por gracia o por desgracia.

Podemos hablar de cirugías curativas o de cirugías de salvación (intentamos mejorar la calidad de vida de un paciente con malísimo pronóstico). Si queréis, hasta de cirugía reparadora. Todo ello lleva un complejo y laborioso camino que intenta saltear cualquier obstáculo. Estoy seguro que habéis vivido grandes temores mientras operaban a un amigo, un familiar, y os habéis alegrado o derrumbado ante la llamada del médico. Esto mismo se palpa en el ambiente de esas frías (sólo en temperatura, os lo puedo asegurar) y estériles habitaciones cuadradas. Cada operación puede ser un milagro; pero hoy os voy a hablar de un milagro bastante especial.

Actualmente estoy rotando por las prácticas de ORL y aunque podría añadirlo en los próximos resúmenes que haré de los rotatorios, me gustaría dedicarle una entrada.

Una de las situaciones que se trata en este campo es la hipoacusia (o sordera). En este caso concreto hablaré de la hipoacusia neurosensorial bilateral (o sordera profunda de origen neurológico) y para más inri, infantil. Pero no quiero meterme con las clasificaciones, sino con el hecho.

Los factores de riesgo de la hipoacusia son muchos (antecedentes familiares, infecciones gestacioinales, prematuridad, drogas ototóxicas, necesidad de UCI neonatal y un largo etcétera), pero sin embargo entre un 60-80% son de causa idiopática, es decir, desconocida.

Como todo el mundo sabe, cuanto más precoz sea el diagnóstico de una enfermedad, mejor va a ser el pronóstico porque vas a tratarlo mucho antes. Sobre todo si hablamos de una enfermedad como esta. Un bebé que nace sordo no solo nunca oirá, sino que nunca desarrollará un lenguaje con el que expresarse porque nunca ha oído cómo es; será sordomudo. Sin embargo, y a modo de curiosidad (el final me ha quedado bonito y quería meterlo por algún lado), desarrollará intensamente los demás sentidos. Un sentido se desarrolla con el uso (de ahi que un niño tratado tardíamente quizás nunca aprendiense a hablar). Las neuronas necesitan actividad. Si no tienen, se atrofian. O eso se pensaba, aunque según investigaciones recientes las neuronas cambian su función hacia otro sentido más usado, preferentemente la vista. De ahí que personas con carencia de un sentido tengan mayor desarrollo del resto.

Gracias a las últimas tecnologías y la implantación de proyectos de Prevención y Atención Temprana, al menos en nuestra Comunidad, se cuenta con un plan de actuación de screening de esta enfermedad que comenzará antes de que el bebé se de de alta del Servicio de Neonatología o Maternidad. El pediatra aparte de realizar las exploraciones sitemáticas abrirá una ficha con un Conjunto Mínimo de Datos donde se consignarán los factores de riesgo y se realizará una exploración específica, denominada OEA (otoemisiones acústicas evocadas). A partir de ahi y en el caso de que haya ausencia de OEA se desarrollará un protocolo que no voy a citar aquí con el fin de que en CCAA con un plan de actuación se diagnostiquen casos de hipoacusia a los dos meses y medio de media mientras que en las demás el diagnóstico se realice a los 3-6 meses como pronto. Esta prontitud permite que el bebé pueda ser tratado precozmente (estimulación temprana, adaptación protésica e implantación coclear), evitando las secuelas del desarrollo del niño sin estímulo auditivo


Una vez introducidos en materia, os contaré la historia de un rubito de un añito que se encontraba echado en la camilla de quirófano, ocupando menos de la mitad. Calentito sobre su manta especial, con un minipulsi en el dedito y colocándole las enfermeras el manguito de la tensión arterial. Esa fue la imagen que nos encontramos al entrar por las puertas de quirófano. Sabíamos a lo que veníamos y no dudamos un segundo en querer hacerlo. Él, esa cosita que nos miraba con cariño, con una tranquilidad increíble mientras se dejaba hacer de todo, era sordo. No nos oía, sólo aprendía mirando.


Se le realizó un implante coclear. Ahora, los sonidos captados por un microfonito en la oreja tendrían un modo y luegar donde codificarse. Esta cirugía se realiza a través de la mastoides, hueso cubierto por dentro de epitelio respiratorio que permite por ejemplo dar resonancia a tu voz. Le cambiará el llanto, seguro. Pero creo que los padres ni lo notarán cuando se den cuenta de que puede oir su canto e incluso algún día, decir papá y mamá. Y aunque oiga sólo por un oído, sabrá decir cuál es su nombre.

Cuando nos explicaron este tema en clase, nuestro profesor dijo:

"Llevamos 400 implantes cocleares realizados.
Pero no son 400 cirugías sino 400 milagros"

Y el pequeño Ignacio ha sido el protagonista de uno de ellos.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Agárrate bien fuerte

Llevo dos días pasándome voluntariamente en mi semana de fiesta por consultas de oftalmología pediátrica y
...
Es increíble la vitalidad que desprenden...



...y además, ¡la fuerza que tienen!







miércoles, 5 de octubre de 2011

El milagro de la vida

Tengo un montón de cosas pendientes por publicar en el blog pero el día de hoy se merece una entrada propia y enorme. Y es que hoy tenía un fructífero día por delante en la consulta de ginecología...y he acabado viendo un

¡¡PARTO!!



Como todas las prácticas que comienzo me gusta ver de todo un poco lo que se hace en el servicio, y qué más en éste que ver como mínimo ecografías, un parto natural y un parto por cesárea. Ya he cumplido dos de mis mínimos.

Ayer me quedé emobobado viendo a través del ecógrafo como unos peduguines muy enanos se retorcían en una barrigota a cada cual más grande. Empezamos no diferenciando nada. Acabamos viendo hasta el hueso de la nariz, el tamaño del fémur o sus genitales. Y es que hay que decir que todos los papis, sobre todo primerizos (y es que el papi de la cuarta niña que estaba en camino estaba más que tranquilo), están obsesionados con el sexo:

-¡Se le ve la pichina a mi chico? -el papi joven con sonrisa de oreja a oreja

-¡No! :S. ¡Nos está dando el culete y no hay manera de verlo! Lo que si se ve es el orificio anal (no es lo mismo peeeero).

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Conversación mami emocionada por su cuarto hijo con médico:
-¿Chico o chica?

-Mira a ver, tú qué crees.

-Eso es el chirri, ¿no?

-¿Te parece el chirri?. Oye, ¿los tres hermanos son chicas todas?

-Sí

-Pues creo que viene otra chica más en camino...

-Genial! ¡¡Además el papi está supercontento porque quería chica!!

-¿Ah sí?. ¡Pues todos en la consulta contentos pues! =)


Quizás lo más destacable de la jornada fue que de 7 que pude ver durante mi tiempo de prácticas, 4 fueran extranjeras (rumana, ecuatoriana y dos chinas, una de ellas SIN IDEA del español, algo que no me parece nada bien). De las jóvenes, bueno, exceptuando la que iba a por el cuarto, teníamos una mujer de 41 años y una de 14 (con un padre superemocionado, he de decir. Pero es que su chavalín se movía muchiiiiiiisimo. Una imagen impresionante, os lo puede asegurar). Y he de decir también, que aunque alabo la decisión de la de 14 de tener el chaval, ni tanto ni tal calvo, señoritas mías.


Peeeeeeeeeeeeero, lo que nos compete hoy, por si lo habéis olvidado ya, es que he visto un...

¡¡PARTO!!



No sé si lo habré dicho alguna vez por el blog pero adoro a los niños, y qué mejor ocasión que verlos desde su momento cero en vida externa. Es una sensación totalmente inexplicable. A pesar de los esfuerzos de la madre primeriza empujando, del sudor de todos los allí presentes, de los nervios del padre...ver cómo sale esa criaturica por ahi y se echa a llorar es algo indescriptible. Los lloros de la madre y la emoción del padre. Sus caras mirando a su hija de tres kilos ciento sesenta gramos es imposible de retratar.


Si os soy sincero, me he emocionado muchísimo. Una emoción que hace mucho que no sentía y que ha estado a punto de derramar alguna lagrimilla, que hubiera sucedido si llega a durar algo más de tiempo. Y éste no era el parto de mi hij@, así que ya os podéis ir haciendo una idea de cómo estaré por entonces.

Después del parto nos hemos acercado a la zona de neonatos a ver la exploración del pediatra y quedarnos embobado mirando su carica, su cuerpecico moviéndose mientras llora desconsoladamente y la enfermera nos hace un moviemiento con su frágil mano mientras le dice "saluda a estos chicos que te han visto nacer, cariño". Como bien se dice, en ese mismo instante me la hubiera llevado a mi casa.


Mañana me vuelve a tocar ecografías, y estoy seguro que no las veré de la misma forma. Pero algo tened claro, y es que en cuanto tenga una mínima oportunidad me voy a ver otro milagro de la vida.

Quizás algún día nos convirtamos en obstetras. Sólo el tiempo lo dirá.


P.D. En algunos blogs como el de  Miriam o Dawa no me deja comentar y no sé por qué (bueno, seguro que es por utilizar IE, no me lo repitáis más xD). ¡A ver si otro rato me deja!.

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