"La vida no se trata de esperar a que pase la tormenta. Se trata de aprender a bailar en la lluvia " (Vivian Greene)

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domingo, 2 de septiembre de 2012

¿Valium la pena?

Aunque cada vez voy asimilando -y por tanto, olvidando- un poquito más a mis compañeros los acúfenos, hemos vuelto -ellos y yo, no vamos a dejarnos  la parte protagonista, claro está- a la consulta del otorrinolaringólogo para ahondar un poquito más en el posible origen -¿y divino tratamiento?- de estos dicharacheros amigos.

 
 Un oído y zona cerebral correspondiente anatómicamente normal, con una oto-visión y una resonancia magnética que lo avala, y funcionalmente normal en cuanto a lo que la audiometría e impedanciometría se refiere. Y aunque seguimos nadando dentro del campo de lo idiopático, vamos alcanzando alguna isla que podría darnos un cobijo, y la respuesta, aunque hasta ahora sólo hayamos encontrado algún que otro espejismo.
 
Y es que al buen doctor no se le pasó por alto en la anamnesis posibles afecciones relacionadas con la espalda y remedio utilizado para paliarlo, descubriendo así mediante pruebas radiológicos de hace más de dos años, una escoliosis dorsal y una rectificación cervical a la cual he intentado poner barreras en su libertino aumento. Mis acúfenos se mantienen casi indemnes, mientras que mis dolores de espalda han pasado a un segundo y más que olvidado plano. Algo bueno que nos llevamos, y es que el ejercicio es esencial en nuestra vida. Apuntadlo.
 
Así pues llegó el momento de la nueva decisión, visto que el tratamiento antihipóxico microvascular (déficit de sangre en el oído que hace que las pobres células se quejen a modo de chillidos) no había dado ningún resultado:
 
- Pensemos que es de los problemas de espalda, de la musculatura contracturada que puede pinzar los nervios, disminuir el flujo sanguíneo, a pesar de que estés haciendo ejercicio para evitarlo (aún así, es verdad que me noto algo cargado últimamente), porque por ahora seguimos desconociendo cuál puede ser el origen.
- Bien (y por supuesto no dudo en seguir con las medidas higienico-dietéticas -son así como se denominan- que tan bien creo que están haciendo)
- Sólo te voy a recetar una cosa... -asiento feliz- un Valium® por la noche como relajante muscular-mirada inquisitora del doctor-
- (Mmm...sé lo que es, por qué me lo da, sé lo que hace en mi cuerpo -de hecho es uno de los temas que más me gustó cuando estudié la farmacología en tercero, esas benzodiacepinas-). VALE.

 
 Cuando en realidad debería haber respondido "¿y no hay otra opción?". De hecho, ahora recuerdo perfectamente su cara de "te lo digo, a ver qué dices". Y es que al fin y al cabo, el paciente siempre tiene la última palabra. Acepté sin más dilación sin pensar siquiera en otra alternativa bien farmacológica o mecánica mismo como un buen masaje de esos que llevo mucho tiempo demandando a todos mis allegados (y que sigo demandando por aquí :-P), a pesar de que inicié mi vida activa en el deporte de nuevo, gracias a estos queridos amigos.

Demoré unos días la toma de mi diazepam, teniéndolo encima de mi mesa a modo de mirada inquisitoria y preguntando "mamá, ¿me lo tomo pues?". No me hacía falta leer el prospecto para saber lo que me esperaba, me lo sé de memoria. Además, mis amigos van mejor que antes y yo en ningún momento he notado estrés impresionante, insomnio o ansiedad, las otras indicaciones de este principio activo tan conocido por la sociedad, y que en muchas ocasiones sí puede ser necesario tomarlo. Súmale tolerancia y dependencia, efecto rebote... Al final, llevo dos pastillas en mi cuerpo, una cada noche -está claro que la posología es mínima-, y que no he notado gran cosa en cuanto a somnolencia o astenia, aunque tampoco me noto mucho más relajado -llevo dos días, de todas formas-. Sólo tengo prohibido conducir por las mañanas, aunque me espera un septiembre tardío más que movidito y tengo que estar alerta unas 12 horas al día. Quizás vayamos por el buen camino, pero sigo sintiendo que esta medicación no es para mí, no quiero que cambie mi estilo de vida ni mi forma activa de ser, ni veo una indicacion estricta para la que fue concebido. No lo sé, sigo dándole vueltas. Simplemente me sigo preguntando si valium la pena.

lunes, 16 de abril de 2012

Final de prácticas

"Pasillo de hospital"
Magnífica fotografía de César J. Sánchez

A falta de pasar durante dos semanas por la UCI puedo dar casi por acabado mi periodo de rotatorio de prácticas de este curso. Parece que fue ayer cuando volvíamos a pisar el hospital con nuestra bata blanca sin nombre y nuestro fonendo en la mochila -por si acaso, aunque no sé para qué lo vamos a utilizar en oftalmología- y ya estamos rozando con nuestros dedos, todavía faltos de experiencia, los días en los que los exámenes finales darán, si todo va bien, por concluído un año más. Con él, todas las experiencias vividas a lo largo de los días por uno de los lugares que más me gustan, que aunque pueda parecer frívolo desde el punto de vista externo, he de decir que son los hospitales. Eso sí, no por mucho tiempo, y es que espero volver este verano, como mis dos pasados, a dejarme notar de nuevo por los pasillos, las cabeceras de las camas, los quirófanos y darle al coco excusas para que no se olvide de pensar. Y hablando de excusas, cada vez tenemos menos para "hacernos el loco", al menos desde el punto de vista teórico.

Dame una sonrisa
Nos movemos de un servicio a otro sintiendo que en la mayoría de ellos podríamos ser más útiles de lo que realmente somos. Pero el plan está hecho así y según con quién te encuentres en tu camino lo aplicará a rajatabla en mayor o menor medida. Al menos uno se conforma con empaparse del ambiente del hospital -situación que hace un año comportaba una total emoción-, de conocer la especialidad que podría ser a la que le dedicarías todo tu tiempo en un futuro cada vez más próximo y por qué no, de entablar amistad con el personal sanitario. Y es que en el fondo, el servicio, por muy genérico que lo nombremos, se compone de eso, personas. Probablemente un mejor planteamiento de las prácticas mejoraría muy mucho la formación. No lo dudo, pero es lo que hay. ¿Acaso puedo poner algo más que mi ilusión, mi curiosidad y mis ganas?. Aún así no puedo quejarme; he tenido muchas posibilidades (aunque siempre sean dos) comparado con otros compañeros, y me he topado con situaciones y personas realmente comprometidas y encantadoras. Y es que cualquier granito de arena que puedes aportar en esas cuatro paredes reconforta, al paciente que sonríe, y por supuesto, a uno mismo.

Rotando por bastantes de los servicios pertenecientes a asignaturas de este año y alguna otra que no tiene nada que ver, especializándome en ecografías obstétricas y viendo unos cuantos nacer vamos definiendo un poquito más nuestro futuro, aunque sea de una manera lenta y pausada. ¿Quizás es mejor descartar que añadir a la lista? Aunque no sé que puede ser más difícil.

Y entre tanto pasan los días. Anécdotas que sumas a tu recetario particular, datos de "esto no te olvides" que casi se escriben solos en la libreta y ansias de que por fin hoy, te enseñen a hacer eso que te gustaría aprender; aunque a veces, nunca llegue. Pasan los días, los servicios, la gente. Pasan las horas, las hojas y los apuntes. Sumamos charlas, comidas, cenas, salidas, ejercicio, blog, teatro, familia. Añadimos momentos irrepetibles y momentos que quizás sería mejor olvidar, aunque en mi percepción como persona, creo que sirven para curtir un yo futuro especial. Abrimos libros y olvidamos música que hasta ahora nos permitía aliviar nuestro tormento en forma de acúfenos antes de lanzarnos en los brazos de Morfeo. Y al final, llega hasta el momento en el que nos encontramos.

Que pase mucho más tiempo, que sumemos muchos más momentos y que vayamos llenando de historias nuestro cerebro. No hay que olvidar de lo que estamos hechos, ni de lo que nos curte. Está prohíbido ignorar quiénes somos. Y por supuesto, está más que descartado dejar de vivir cada día intensamente.


Vivir no es sólo existir,
sino existir y crear,
saber gozar y sufrir
y no dormir sin soñar.
Descansar, es empezar a morir
.
Gregorio Marañón (1887-1960) Médico y escritor español

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Comenzando cuarto, y etcétera

Estudiantes de cuarto de medicina de la UM. Curso 2010-2011.

"El verano ya llegó, ya llegó, ya llegó y la fiesta comenzó, comenzó, comenzó. El verano ya está aquí para hacerte feliz, llenalo de de colores, de sueños, de amor...". Eso es lo que cantaba (y nos hacía bailar) un tal Megalo (que en su casa lo conocerán) en un verano de hace diez años. Y tal como llega, se va. Un verano increíble que se ha permitido echar a volar a velocidades vertiginosas llegando este lunes a su fin. Pero no es un fin triste, sino una continuación. Llega un nuevo curso para aprender más (y descubrir que cada vez hay más por aprender), ver a tu gente, tocar terrenos nuevos y subir un peldaño en la escala de casimédico.


Como todos los comienzos, éste no iba a ser para menos, y y no ha dudado en llegar lleno de ilusión pero a la vez, con la visión de tener un gran trabajo por delante. Durante el curso vamos a jugar con la medicina, cirugía, oncología y anatomía patológica de las especialidades de Urología, Nefrología, Endocrino, Cardiología, Neumología, Oftalmología, Otorrinolaringología, Ginecología y Obstetricia además de profundizar un poquito más en el Diagnóstico microbiológico de las enfermedades infecciosas, Farmacología clínica o Bioquímica clínica. Como colofón, una buena dosis de Urgencias, emergencias y medicina intensiva. Todo ello por supuesto, bien aderezado con prácticas en todos los servicios mencionados. ¿Miedo?. ¡Qué va!. ¿Dificultad?. La justa y necesaria. Y es que cuarto tiene fama de ser un curso tranquilito para el torbellino que es quinto, pero digamos...que quizás le he dado un poquito de marcha yo en mi matrícula en cuanto a optativas se refiere. Sea como fuere, el curso ya ha empezado y no hay marcha atrás.



Tan solo llevamos tres días, así que mucho no os puedo contar, más si el servicio en el que me tocaban las primeras prácticas de rotatorio está de congreso nacional. Unas cuantas presentaciones, algún tema que otro dado y que hay que empezar a pasar y sentimientos compartidos. ¿La mejor?. La presentación de ORL. No sé cómo explicarán o si se profundizará mucho en la materia porque no hemos tenido clase con él, pero el profesor titular ya se ha dejado conocer. Y nos ha dejado una gran huella. Porque estamos en la clase para atender y aprender, no para copiar; para aprender disfrutando, no para aburrirnos delante de un powerpoint; porque quién sino él, con su experiencia, nos iba a contar los casos curiosos de la orl...Sencillamente genial. A ver si puedo y os escribo la introducción sobre el olfato que nos dio.


Y hablando de ORL, tuve cita también con el mío por el tema que ya todos conocéis. Una prueba de audiometría que comenta que escucho perfectamente y por tanto descartamos lesión del nervio y una resolución un poco triste. Como no es exageradamente molesto en comparación con otros pacientes, evitamos medidas más gamberras como tratar con sustancias que se introducen al oído o cirugía que en la mayoría de los casos acaban destruyendo el oído, y nos vamos a la toma durante cinco meses del fármaco que ya estuve tomando en su día, aunque sólo durante un mes. Que me olvide completamente del ruido, que me tome la pastilla como si fuera un caramelo, sin recordar el por qué. Que la eficacia es mínima, pero...¿y si funciona?. Intentaremos llevar un buen día a día, sobre todo ahora que tocará estar en silencio, estudiando, aunque no de la misma forma que Febrero o Junio. Nos veremos en seis meses.


Además aprovecho en contar (y hago un tardío, aunque extenso post) que dentro de nada espero estar inscrito en un gimnasio para hacer algo de ejercicio entre neurona y neurona agotada, y de paso darle a mi querida espalda algo más de tranquilidad frente a su escoliosis como ya hice con mi querido Pilates el año pasado. Este año, un poquito más: piscina, elíptica, espalda sana, quizás spinning...Ya veremos, que por oferta, no será.


Y para ir acabando, decir que pasaré por vuestros blogs en cuanto saque un rato de tiempo porque ahora mismo ando con la cabeza un poco liada centrándome en demasiadas cosas académicas. De hecho, ahora mismo tengo que ponerme a pasar unos cuantos temas y leerme otros.


P.D. No sé si lo habréis notado pero he metido unas cuantas fotos de un calendario que hicieron los casimédicos de cuarto en la Universidad de Murcia para pagarse el viaje de estudios. Original es, aunque aquí toooooooooodos los departamentos tengan el de bomberos local. Y es que he ido a buscar algo que tuviese relación con cuarto de medicina y San Google me ha recibido con ésto, así que espero que os haya amenizado un rato.

¡Que vaya bien el día! Y a ver si no acabamos así...¿o sí?


PD2. En "Hoy suena a" (barra lateral derecha), Frente a Frente de Bunbury (de la canción que un día fue de Jeanette).


miércoles, 25 de mayo de 2011

Viviendo con...Acúfenos


Y acúfenos precisamente no es el nombre de mi perro -el cual a día de hoy no tengo-. Cuando estamos con los pacientes siempre hablan de ponernos en su lugar; su dolor, sus sentimientos, su soledad. ¿Qué sucedería si fuésemos capaces de sentir por unos instantes cada conjunto de síntomas que tiene el paciente que se nos presenta en la consulta? ¿Cambiaría la forma -desgraciada- de sentir de algunos médicos? ¿Nos implicaríamos al 200% con ellos? Tal y como dicen algunos profesores míos, me temo que este tema daría para mucho y no quiero merteme ahora con él. Pero yo he sido consciente que un síndrome que conoces de cerca (familia, amigos, tú mismo) se te queda mucho mejor cuando te lo explican, y lo entiendes al 100%. Y ya dicen en el programa 21 días de Cuatroº que no es lo mismo contarlo que vivirlo, así que voy a empezar contando uno de mis dos, llamémosles problemillas medianos, porque no deseo que los viváis. Justo corresponden con asignaturas del año que viene, lo que hace que mis conocimientos sean nivel usuario avanzado, algo que se convierte en profesional cuando hablamos de clínica. ¡Allá va!

El acúfeno, también denominado tinnitus, podría definirse como la percepción de un sonido que no procede de una fuente externa. Así pues, este puede variar en su clasificación: desde zumbidos, pitidos o campaneos durante todo el día o sólo cuando no hay otro ruido que lo enmascare, dependiendo de su intensidad.
Y eso es precisamente lo que sufro yo. Un pitido perceptible por ambos oídos sólo (y menos mal) cuando no hay otro que lo enmascare, es decir, a la hora de dormir o al estudiar donde existe una tranquilidad absoluta  que puede evolucionar a campaneo en situaciones de estrés, (por ej. previo a un examen. 3am: Papá, ¿por qué suena ahora las campanas de la iglesia de aquí al lado?) desde hace 7 meses tras una semana con un par de conciertos ¿casualidad?.



La etiología o causa es diversa:

-Traumatismo sonoro.
-Isquemia vascular (no llega suficiente sangre al oído).
-Anemia
-Tumor cerebral localizado.
-RAMs de fármacos como acetilcisteína o antibióticos aminoglicósidos
-Idiopático, o lo que es lo mismo, no tenemos ni idea.

Así pues, desde la consulta de otorrino, probamos todas las posibilidades, esperar por el traumatismo, medicación vasodilatadora cerebral por si es causa isquémica y resonancia magnética (RM) por si nos encontramos con un tumor cerebral que se da en 1/100.000 pacientes, vamos, raro. Por ahora, no hay resultados. La medicación no soluciona nada, la RM me la hice el otro día y estoy pendiente de la consulta de otorrino para ver los resultados.
Además, son algunos los consejos que te ofrece el otorrino para ver si hay mejoría:

-gotas de aceite de oliva en el conducto auditivo
-evita ruidos fuertes
-no tomar sustancias ototóxicas, léase sal, aspirina y lo que más me chocó, toda bebida con gas como las tónicas, cocacola, etc... (al final del post podéis leer un artículo relacionado)



No sé al final cuál será la causa o la solución. Al indagar por internet descubro mucha gente con el mismo síntoma y con causas idiopáticas hasta el momento.

Desde el punto de vista emocional, es duro, aunque como en todo, te acostumbras. Pensar en un principio que sería el típico ruido de cuando vuelves de un concierto y te echas a la cama pero que se estaba alargando, hasta encontrarte con esto. Gracias a Dios sólo es cuando no hay un ruido que lo enmascare, así que gracias a mi concentración puedo dormir bien, y gracias a mi flexo y ordenador que hacen ruido cuando están encendidos por a noche, pues estudiar no se hace duro. Estudiar por la mañana y tarde es a base de concentración. Pero te acabas acostumbrando. Intentas obviarlo, olvidar que estarán probablemente ahí para siempre, un pi que no te va a dejar ni un segundo solo, intentas mantener tu concentración de aislamiento con el mundo, incluso el tuyo, y situaciones como estas se hacen ridículas (shh, callad, ¿qué se oye?)

Pero sinceramente echo de menos el silencio. Me encanta por las noches que me quedo a estudiar abrir la ventana y mirar al infinito, en silencio. Me gusta tumbarme en la cama y escuchar el silencio. Es genial apagar todos los ruidos de la casa y escuchar, silencio. Será lo que dicen, que no lo valoras hasta que no lo pierdes, y ahora mismo el silencio ha huído de mi vida. ¿Querrá algún día volver?. Al menos doy gracias de que lo pueda definir como problema mediano.


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