Aunque cada vez voy asimilando -y por tanto, olvidando- un poquito más a mis compañeros los acúfenos, hemos vuelto -ellos y yo, no vamos a dejarnos la parte protagonista, claro está- a la consulta del otorrinolaringólogo para ahondar un poquito más en el posible origen -¿y divino tratamiento?- de estos dicharacheros amigos.
Un oído y zona cerebral correspondiente anatómicamente normal, con una oto-visión y una resonancia magnética que lo avala, y funcionalmente normal en cuanto a lo que la audiometría e impedanciometría se refiere. Y aunque seguimos nadando dentro del campo de lo idiopático, vamos alcanzando alguna isla que podría darnos un cobijo, y la respuesta, aunque hasta ahora sólo hayamos encontrado algún que otro espejismo.
Y es que al buen doctor no se le pasó por alto en la anamnesis posibles afecciones relacionadas con la espalda y remedio utilizado para paliarlo, descubriendo así mediante pruebas radiológicos de hace más de dos años, una escoliosis dorsal y una rectificación cervical a la cual he intentado poner barreras en su libertino aumento. Mis acúfenos se mantienen casi indemnes, mientras que mis dolores de espalda han pasado a un segundo y más que olvidado plano. Algo bueno que nos llevamos, y es que el ejercicio es esencial en nuestra vida. Apuntadlo.
Así pues llegó el momento de la nueva decisión, visto que el tratamiento antihipóxico microvascular (déficit de sangre en el oído que hace que las pobres células se quejen a modo de chillidos) no había dado ningún resultado:
- Pensemos que es de los problemas de espalda, de la musculatura contracturada que puede pinzar los nervios, disminuir el flujo sanguíneo, a pesar de que estés haciendo ejercicio para evitarlo (aún así, es verdad que me noto algo cargado últimamente), porque por ahora seguimos desconociendo cuál puede ser el origen.
- Bien (y por supuesto no dudo en seguir con las medidas higienico-dietéticas -son así como se denominan- que tan bien creo que están haciendo)
- Sólo te voy a recetar una cosa... -asiento feliz- un Valium® por la noche como relajante muscular-mirada inquisitora del doctor-
- (Mmm...sé lo que es, por qué me lo da, sé lo que hace en mi cuerpo -de hecho es uno de los temas que más me gustó cuando estudié la farmacología en tercero, esas benzodiacepinas-). VALE.
Cuando en realidad debería haber respondido "¿y no hay otra opción?". De hecho, ahora recuerdo perfectamente su cara de "te lo digo, a ver qué dices". Y es que al fin y al cabo, el paciente siempre tiene la última palabra. Acepté sin más dilación sin pensar siquiera en otra alternativa bien farmacológica o mecánica mismo como un buen masaje de esos que llevo mucho tiempo demandando a todos mis allegados (y que sigo demandando por aquí :-P), a pesar de que inicié mi vida activa en el deporte de nuevo, gracias a estos queridos amigos.
Demoré unos días la toma de mi diazepam, teniéndolo encima de mi mesa a modo de mirada inquisitoria y preguntando "mamá, ¿me lo tomo pues?". No me hacía falta leer el prospecto para saber lo que me esperaba, me lo sé de memoria. Además, mis amigos van mejor que antes y yo en ningún momento he notado estrés impresionante, insomnio o ansiedad, las otras indicaciones de este principio activo tan conocido por la sociedad, y que en muchas ocasiones sí puede ser necesario tomarlo. Súmale tolerancia y dependencia, efecto rebote... Al final, llevo dos pastillas en mi cuerpo, una cada noche -está claro que la posología es mínima-, y que no he notado gran cosa en cuanto a somnolencia o astenia, aunque tampoco me noto mucho más relajado -llevo dos días, de todas formas-. Sólo tengo prohibido conducir por las mañanas, aunque me espera un septiembre tardío más que movidito y tengo que estar alerta unas 12 horas al día. Quizás vayamos por el buen camino, pero sigo sintiendo que esta medicación no es para mí, no quiero que cambie mi estilo de vida ni mi forma activa de ser, ni veo una indicacion estricta para la que fue concebido. No lo sé, sigo dándole vueltas. Simplemente me sigo preguntando si valium la pena.
















