Día 1. Tarde libre en la que apetece probar un poquito más allá de las clases de Pilates a-las-que-parezco-únicamente-abonado-pagando-cuota-completa. Aunque tampoco me voy muy para allá, y decido que, visto que si me he apuntado aquí es para principalmente ponerme buenorro por mi espalda, me meto en la clase de espalda sana. Único chico en una clase de siete personas. Casi como en familia, estoy acostumbrado. Genial. Salgo de la clase y me voy rápidamente al piso de abajo a la clase de Pilates (ya que estamos sudorosos aprovechamos). Hay bastante gente, pero creo que entraremos -pienso ingenuamente. ERROR.
Pero no, el tope era de 17 personas. ¿Sabéis quién era el número 18?. "Lo siento, sólo caben 17 y mira lo justo que estamos. Otro día nos vemos chavalote ¬¬". Pues eso, a la ducha y a mi casita.
Día 2. Venga, hoy me apetece un poco de cardio, que para eso está y me he abonado a todo. Y, ¿qué es lo que más me mola?. Andar/correr en la cinta mientras veo algo interesante en la pantalla. Entro y veo dos disponibles de las que tienen tele y me lanzo corriendo a la que está rodeada de más novatos. Me subo, intento ponerla en marcha, y nada, que la pantalla no quiere interactuar con mi dedo. Le pego varias tortas y antes de que me manguen la que está dos más a mi derecha me voy corriendo a ella. Un señor me mira de forma muy rara.
"Venga, como hace mucho que no haces deporte, empezamos suavecito y vamos subiendo tanto en inclinación como en velocidad". ERROR.
No sé cómo e intentando subir de dos a tres km/h, mi mano se desliza suavemente hacia los 15km/h. La máquina se pone a toda pastilla y yo comienzo a taquicardizar mientras se activa la televisión, aparece la imagen de Sálvame (cosa que me hace elevar mis pulsaciones mucho más) e intento desesperadamente encontrar el hueco de los auriculares que no lo veo. Tiro todo a cascala e intento como si no hubiera un mañana bajar esa condenada velocidad. No quiere. De nuevo la rebelión de las pantallas táctiles contra mi persona. Yo intentando no caerme, manteniendo el equilibrio, sudando como un cerdo y corriendo como si me intentaran atracar por detrás. El señor de al lado mirándome MUY raro por segunda vez. Al final, entre pausa y pausa de mi corazoncito descubro que los mangos tienen botones para controlar los comandos. ¡ALELUYA! Mi corazón da una vuelta (¿o será paro cardíaco?) cuando consigo recuperar mi velocidad querida. Ahora sí, comienza la función: encuentro el agujerito de los cascos, cambio a The Big Bang Theory y voy subiendo controladamente la marcha. Giro a la derecha...¡y me encuentro una señora subida y corriendo en la que me había hecho la púa!. Máquina, no me hables nunca más ¬¬. Aguanto poco, no estoy para estos trotes. Pero ante la desesperada de "¡si he venido aquí es para hacer algo y no estar veinte minutos sufriendo!" me mudo a la elíptica de al lado cuando la mujer se va.
"Ay, Dios mío, qué duro va esto, yo no aguanto!!" - pero tengo que aguantar porque si me voy a los dos minutos el señor que me mira raro me mirará MUCHO más raro. Ay...
De repente el señor se baja y se da la vuelta para montarse en una elíptica de detrás...Sí, ya casi cinco segundos después estaba en la ducha. ¡¡Salí volando de ahí sin que me viese!!
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No, tampoco caí en que existe un botón de parada de emergencia.
Pero...¿y si se pone a pitar como una loca? :S |
Día 3. Pero mi verdadera pasión es la natación. Así que yo todo decidido y después de estrenarme con una amiga me decido un día de media mañana libre y sin cundir en la biblioteca ir a nadar hasta la clase siguiente. Debía todo ser rápido y coordinado. ERROR.
Me cambio, hago mis largos y con la hora programada para llegar a casa, coger una manzana reponedora e irme corriendo a la facultad salgo para ducharme. ¡Sorpresa!. Intento abrir mi taquilla de los vestuarios...y no abre :S. El pitorrico que debe SALIR, no sale por mucho que tires. Yo ahí en bañador paquetero, mojado y con las gafas de bucear puestas intentando estirar dejándome las huellas dactilares. En el vestuario sólo un tío bueno en pelotas secándose.
"Es mi única opción...pero cómo voy a ir a decirle algo ASÍ!!". Ay, el reloj sigue sumando minutos.
Al poco tiempo mi salvación hecha persona aparece por una de las puertas. Me mira raro:
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| TE ODIO |
- Tienes que tirar muy fuerte mientras le das golpes a la puerta
- ¿Golpes?
- Sí, así.
Lo intento, parece que funciona y va saliendo la cosa.
- Pero no termina de salir :S. ¿Puedes intentarlo tú?
- Sí, mira
- Ohh, ohhh -casi lloro de la emoción - Gracias, gracias! - Casi suelto un te quiero.
¡Y es que ya me veía yo yendo a clase mojado, en bañador paquetero y con las gafas de bucear porque las llaves de mi casa estaban dentro!
Decido cambiar a una taquilla comprobada para que no me la vuelva a hacer después de la ducha. Taquilla crucificada para siempre.
Día 4 u...hoy. Me decido ir a hacer unos largos para, después de descansar un mes entre Navidades y la muela, coger una rutina diaria de ejercicio.
- Primer aviso: acabo de descubrir que me he metido sin querer en el carril para rápidos
- Segundo aviso: esa chica que acaba de entrar va muucho más deprisa que yo, habrá que acelerar
- Tercer aviso: ay, noto la pierna derecha rara. Me faltará potasio, luego compro plátanos.
- Cuarto aviso: yo en mitad de mi calle con un dolor horrible y el gemelo contraído a más no poder.
Ay, ay, ay...Llegamos a la orilla, la señorita avisa a la socorrista y medio riéndose me dice cómo arreglarlo (me cagüen to, y yo en 4º de medicina y ahora mismo no se me ocurre...ayy duele!). Se pasa, huyo al jacuzzi diez minutitos no lo vayamos a forzar y la liemos y me voy a mi taquilla. Y si en su día tuve rebelión de pantallas, ahora es de taquillas. La que justo acababa de meter las cosas se había solidarizado con la anterior y estaba a punto de hacermela buena...
Pero ¡NO! ¡¡¡JÁ!!!. Les tengo pillado el truco así que no ha habido ningún problema. Eso sí, cuando he salido he comprado plátanos, he merendado a base de fruta, estoy medio empanado y aquí sigo con el dolorcillo...¡Y yo que me había levantado lleno de energía! ARGH.
¿Es manía o no es manía?. Mañana no sé si volveré que hoy ha cundido cero pelotero. Pero, ¡qué se cuide a meterse conmigo algún día más! Jum...¬¬.