"La vida no se trata de esperar a que pase la tormenta. Se trata de aprender a bailar en la lluvia " (Vivian Greene)

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martes, 28 de enero de 2014

Cuando sólo queda uno


Al final va a ser cierto que esto se acaba. Vamos cerrando etapas y sí ya despedimos las clases hace más de un mes, ahora toca despedir los exámenes. Probablemente no será algo que se eche de menos, sobre todo teniendo EL EXAMEN a un año de distancia y sabiendo que una vez que nos incorporemos a la práctica médica real el periodo de exámenes no vendrá marcado por unas listas en el tablón sino por el día a día delante de nuestros pacientes.

Y es que a estas alturas de la vida creo que ya estamos bastante acostumbrados a todo esto y les tenemos cogidos todos los truquillos, aunque estoy seguro que nunca se deja de aprender (y estoy aún más seguro de que la academia MIR jugará ahí un gran papel). Sólo queda uno, y si eres capaz de echar la vista atrás y de saber por dónde has pasado, la cantidad de horas (y materia) que has metido y de papeles que has rellenado... Todos los exámenes son únicos y a la vez todos iguales, y es que siempre al final te acaba cogiendo el toro, descubres que en realidad no era una materia tan light como parecía o te das cuenta de que hay un montón de cosas que no entiendes y te tienes que poner a buscar como loco. Eso sin los míticos "bieen, se han portado", "buaa qué cebada", "me parece increíble que hayan preguntado eso", "se ha repetido casi todo!" o "voy a suspender" y luego no es verdad. Y tampoco sin contar con las locuras pre-examen y las interminables esperas hasta que salen las notas. Podría seguir enumerando situaciones pero haría un post interminable incapaz de poderse leer. Siempre nos quedará nuestra memoria, sobre todo ahora, cuando solo queda uno.


Recuerdo PRIMERO, ese año especial en todos los sentidos donde entrabas a formar parte de un nuevo mundo desconocido. Y es que entre otras cosas, esos temidos "exámenes de universidad" era algo a lo que te tenías que enfrentar. Primero fue un año locura, con exámenes prácticamente cada 20 días que no te dejaban ni respirar, donde a ansiedad y lo desconocido te hacían subirte por las paredes. Recuerdo el primer examen, anatomía general, de donde salieron los primeros jefes de mesa para las prácticas de anatomía, que completamos con el segundo examen, embriología. En anatomía nos llenaban la cabeza de inserciones musculares, algo que nos hizo suspender  (bueno, sacar menos de un 7 [que equivale a un 5], typical corte de aprobado en nuestra carrera) a prácticamente casi todos el primer examen al dar prioridad a la lista infumable de inserciones antes que a vascularización e inervación. Aprendimos. Sirvió para eso, y es que lo siguiente ya fue la remontada, dando prioridad a lo que se debía. El final de bioquímica fue una locura, leyendo sólo una vez el metabolismo lipídico porque no me daba tiempo a más y descubriendo que entraban casos clínicos de prácticas a las 12 de la noche por un sms casual. Y sí, hubo que improvisar en esa pregunta larga de metabolismo lipídico donde había miles de posibilidades de que hubiera sido otra. Fosfolípidos...me acuerdo bien. Y por último el examen de matrícula de bioestadística. Sí, como mucho se podía sacar una nota de 8.9 aunque tu nota correspondiese a más. Iba a presentarme si no hubiera sido por la amenaza de mi madre de tirarme el libro por la ventana si me ponía a estudiar, en vista a mi estado de nerviosismo extremo después de un año sin parar (y de alguna conversación inútil con profesores). Y sí, quedó una mh libre porque se presentaron todos menos uno...y se la concedieron a todos.

SEGUNDO ya fue diferente. Con un año a las espaldas ya te empiezas a dar cuenta de que vas manejando el cotarro, pero no, en realidad todavía eres un yougurín de la facultad y quedan miles de sopresas por descubrir (sin Huevo Kinder ni nada...). Fisiología nos enseñó que existen los exámenes test con la estructura de "qué no es falso" o "qué no es verdadero", aunque el "qué es lo MAS falso/verdadero" lo aprenderíamos más adelante. Con Epidemiología conocimos los exámenes de 3 horas de cuentas interminables cuyos resultados tienen mayor variabilidad interobservador que las formas que puede ver cada uno en las nubes.

En TERCERO todo parecía diferente. Es el año previo al ciclo clínico y ya te vas metiendo en materia más médica alejadas de los "bio-cualquiercosa". Introducción a la patología, parte médica, nos hizo tirarnos de los pelos. ¿Cómo podíamos concebir que nos preguntaran dos casos clínicos cuando en clase no nos habían explicado cómo hacerlos y sólo nos dedicábamos a dar materia y materia? Pues así fue cómo la noche previa al examen, a las 3 de la mañana, me levanté de la cama asustado de por qué estaban tocando las campanas de la iglesia a esa hora. Mis padres atónitos. No existían tales campanadas. Fue la máxima expresión de mis acúfenos. Y lo pasamos mal en febrero...pero en junio ya teníamos experiencia! Tuve alguna situación de nocturnidad, y tuvimos UNA tarde para meternos radiología, medicina física y rehabilitación. De récord.

En CUARTO ya sí que pasó a ser diferente. Cambias de edificio, has pasado el ecuador y te metes de lleno con la clínica. En cuanto a los exámenes oftalmología fue la que se llevó la palma debido a cómo estaba explicada y el problema de que hubiese imágenes proyectadas en el examen. ¡¡Ojo rojo!! Sonaron todas las alarmas. La big one de cuarto fue neumología, un examen rarísimo que suspendió el 90 % de la clase... No me preguntéis qué pusieron porque telita...

QUINTO ya iba sonando a final. El examen terrible de dermatología porque te dejaban 30 minutos para 30 preguntas de respuesta concisa y corta y 2 imágenes, tampoco fue para tanto. Sólo que, coincidencias de la vida, mi médico de prácticas toco cuidar nuestra aula...y entre ella y la compañera no me quitaron el ojo de encima! Estuve a punto de pedirles por favor que dejasen de acercarse a mí por detrás y se quedaran mirando mi examen. No sé si mirarían para bien o para mal, pero al final acababa bloqueándome. Todo fue bien.

Y llega SEXTO, un año facilón según los compañeros de arriba, pero que ha sido raro en cada uno de sus exámenes, no tan fácil como incluso los mismos profesores te decían que iba a ser. Todos los exámenes han tenido su puntilla, destacando la imagen superpixelada del caso clínico de infecciosas donde podías ver una lesión pulmonar, un pulpo a la gallega o un orco, según lo inspirado que estuvieras ese día.

Y sí, ya sólo queda uno... Sólo unas horas y pasará con un poco de suerte a la historia. Quizás no ha sido la semana más productiva, y es que la asignatura ni el momento daba para tal cosa. Intentaremos hacer lo que se pueda, confiando en que en este caso nos podemos llevar cualquier sorpresa, os lo aseguro.

El final... todavía no me lo creo. No sé cuál será nuestra reacción al salir del examen sabiendo que...¡es el final! Sin embargo, no deja de ser otra etapa. Dentro de menos de dos semanas empieza nuestra cuenta atrás, esa que este sábado marcará el cero en la contrarreloj para muchísimos compañeros. Y entonces sí que será el final, encontrándonos ahora a escasos momentos de que tantos unos como otros ya no podamos decir, cuando sólo queda uno.



Lo que la oruga llama el fin,
el resto le llama mariposa

lunes, 16 de enero de 2012

La chica del ascensor


Esto no es una historia de amor apasionado, un melodrama típico de sobremesa o un capítulo de "cómo conocí a vuestra madre". Bueno, quizás esto último sí. Y es que aunque no hablamos directamente el uno y el otro, ni estuvimos solos en el ascensor ni tan siquiera estuvimos al lado...Aunque no nos hayamos vuelto a ver nunca más y ni siquiera sepa cómo se llama, algo sí había en ese momento, al menos en mi interior.

(momento en el que el 95% de los lectores han dicho buuu y han abandonado el blog)

He de decir que yo como persona he sido siempre dado a ese interés repentino, a ese entrar por los ojos, a esos flechazos que me hagan decir wow. Para entendernos, no traídos desde la belleza o su personalidad (aunque esto último cuenta muchísimo) sino desde la sensación de que tiene algo personal impactante, que llama la atención, como algo mágico que posteriormente intentarás conocer en profuncidad como si de una forma mecánica se produjese. Y aunque nunca llegue a nada (¡ouch!) siempre queda la sensación del momento, de ese en el que te hicieron levitar.

Así pues toda historia tiene un comienzo, y como tal, ésta tiene el suyo propio. Era un día de marzo de este año que acabamos de terminar y por horario de prácticas a mi me tocaba deambular por el hospital, ese día en consultas externas. Mi acompañante, un compañero que no nos tenemos mucho cariño, pero hay respeto. Nuestro médico, una increíble persona. Ya mayor, y según informaciones recibidas ya jubilado a pesar de su insistencia en aguantar hasta los 70. Te comprendía, te enseñaba, se preocupaba por ti y te hablaba como si fueras su hijo, o más bien su nieto mientras te contaba anécdotas, chistes o cosas que a él personalmente le sacaban de quicio, sobre todo en cuanto a la profesión sanitaria se refería. Gran defensor de los pacientes, amante de la sociabilidad y bromista por naturaleza. Un ambiente buenísimo en el servicio, sin ninguna duda. Y un hombre al que recordaré con mucho cariño siempre a pesar de que sólo pude estar con él tres semanas.

Aquél día vino a consulta un amigo suyo, y como buen amigo, y además de campo, le trajo unos cuantos -o mejor dicho, unos muchos- espárragos trigueros que ocupaban barbaridad de lo grandes que eran envueltos en un periódico, tal que así:


Cuando acabó la consulta, y en vistas que era pronto todavía, subimos a planta para por una parte dejar los espárragos en algún lado y por otra intentar hacer alguna historia en ese rato hasta la clase siguiente. Como supongo que sucederá en todos los hospitales o en su mayoría, las consultas externas están separadas del llamado Hospital General. En nuestro caso están en un edificio aparte que se comunica por un pasillo acristalado donde al final encontraremos los ascensores para moverte por las distintas plantas. Ya os podéis imaginar cuál es el espectáculo al moverte por un hospital abarrotado en plena hora punta mediquil un tío grande, en bata blanca con un saco de espárragos trigueros que casi ocupan más que él debajo del brazo y dos escoltas detrás, de bata blanca también intentando mantener una conversación coherente entre uno y otros. Lo mejor, el detalle de que todo el mundo te mira, y de que tanto él, como los escoltas íbamos saludando mientras nos respondían son una profunda sonrisa (entre el descojone y la curiosidad, y eso).


Supongo que todo el mundo sabrá cómo va el tema de los ascensores en el hospital. Existen para público y para personal exclusivo. Nunca llegarán cuando tú llegues. Ni a los cinco minutos de estar esperando. Pequeña es la probabilidad de que llegue en los siguientes cinco. Mientras tanto la gente en espera va creciendo y se agolpa en cuanto se abre uno (y entonces aparece un señor con una cama y dice: yo primerrrr. Y hala, a esperar otra vez). Pero por fin llegó uno y nos montamos dentro, al fondo, para dejar hueco para las plantas que hace parada (=todas). Nos montamos nosotros, una mujer y un hombre de mediana edad con bata blanca, y en el fondo había ya una chica que venía del (semi)sótano. Una chica de piel clara, pelo castaño mediano recogido en una coleta, vestida de calle aunque con una bandolera  azul que parecía que iba a reventar. Además, era guapa, y por supuesto tenía esa magia tan interesante. La miré con un hola. Me miró. Mi compañero en la parra y nuestro médico con su momentánea forma de llamar la atención fue el centro de toda conversación. Los señores de bata blanca y él, algo se conocían, y una simple pregunta con acento típico de nuestra tierra encendió la mecha del parloteo: ¡¿Pero qué lleva ahí doctor?!.

A partir de ese momento el desvarío fue máximo contando de dónde habían salido los espárragos, lo buenos que estaban y por supuesto, lo grandes que eran:

- Pues no había visto unos espárragos trigueros tan grandes en mi vida - mujer en bata
- Pero si medirán metro y medio, y anda que no estarán buenos. Yo cuando me los ha traído me he quedado, pero chachooo ande vas con eso tan grande. Pero qué además vale todo, ¿eh?. (expresión de risa muy curiosa que tiene el hombre). ¿Si o no? - le pregunta a mi dama.
- Sí, sí - responde bajito con una sonrisa de oreja a oreja conteniéndose la risa.

Ojalá hubiera tenido una grabadora en el momento, una buena memoria o hubiera estado más atento a la conversación porque no tenía desperdicio. Pero mientras los escuchaba de fondo, no podía dejar de mirarla. Sus gestos, sus miradas al suelo, sus moviemientos de ojos o cómo contenía la risa. Su sonrisa. Y lo mejor, que su mirada se desviaba hacia la mía de vez en cuando para hacerme cómplice de su este tío está loco. Podríamos haber parado en todas las plantas como en ninguna porque el tiempo se paralizó para mi. Normalmente odias que pare en cada planta mientras te desganitas pensando que estás llegando tarde a tu cita. Ese día no me enteré. Sólo sé que los señores con bata bajaron antes y que luego le llegó el turno a ella. Con un adiós vergonzoso (¡adiós maja!- se despidió el de los trigueros con su acento particular) y una sonrisa a los pasajeros se despidió mientras salía del ascensor, pero no quiso dejar que se cerraran las puertas sin volverme a dedicar una mirada. Yo me quedé flotando, pensando que hubieran pasado horas desde que nos habíamos montado en el ascensor. La sensación era increíble, hacía mucho que no experimentaba algo así. Sólo sé la planta en la que se bajó, y que además, para más inri, está dedicado a dos servicios. Así que no sé a qué servicio iba, si era auxiliar, enfermera, médico, estudiante en prácticas o una mera persona visitante.

No sé qué hice después en el rato previo a la clase, pero sólo sé que llegué y le comenté a mi gente todo lo que había pasado. Estaba totalmente emocionado, todavía levitando.

- ¡Jo!. Si hubiera estado ahí le hubiera pedido una compresa o algo - me dijo una amiga iluminada.
- Hombre, casi mejor un klinex o la hora, ¿o qué?.
- Hombre, también es verdad. Aunque si hubiera sido una compresa me hubiera llevado a donde las tienen y hubiéramos sabido el servicio. Pero bueno, a lo que vamos, ¡¡haberle dicho algo!!.
- Puff...¿y si vuelvo por ambos servicios a investigar?
- ¿Cuándo quieres que lo hagamos?
- [Mirada melancólica y silencio pausado] Sólo sé que puede ser la madre de mis hijos...

En ningún momento volví a investigar. Ha pasado ya tiempo y eso no ha hecho que me olvide de su cara o sus gestos. De su sonrisa interior. De cómo se comportaba. Cuando escucho alguna canción determinada o las hormonas juegan su papel en los momentos más meláncolicos de tu vida, de vez en cuando aparece su imagen. Me temo, que por mucho que lo haga, se quedará para siempre encerrada en mi memoria.

P.D. Sé que os la debía y no me he levantado de la silla hasta que he acabado. Al fin y al cabo, hoy me lo estoy tomando de relax, que lo de esta mañana, ha ido requetebien :).

P.D.2. Intento ver algunos de vuestros blogs y comentar y no me deja, se pone la pantalla en blanco :S. Supongo que volverá a ser IE...Espero que pase pronto que lleva unos días tonteando. Por lo menos es a blogs alternos cada día.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Haciendo memoria...FELIZ 2012


Vuelta al punto de no retorno en el que nos encontrábamos hace trescientos sesenta y cinco días; ni uno más, ni uno menos. Es lo que tiene que nuestra medición del tiempo sea cíclica: tras las doce va la una y tras diciembre se abre paso el frío mes de enero. Sin embargo, algo que no vuelve atrás y que además deja huella, son los años. Todos cumplimos años, aunque algunos no quieran, y celebramos la entrada de uno más que se generaliza para todos aunque contiene los recuerdos pasados, los deseos futuros y las nuevas esperanzas de cada uno en particular.

Recuerdo muchas nocheviejas a lo largo de mi cada vez más dilatada vida. Nací acompañado de un par de cadenas de televisión pero hasta que tuve uso de razón y decidí probar nuevas opciones que me llamaran la atención con más o menos acierto (lo siento, Marisa Naranjo inauguró mi año, yo no estaba presente, pero recordemos por qué no a Irma Soriano o Carmen Sevilla y sus dedicatorias), siempre nos tomábamos las uvas con, por entonces, La Primera de Televisión Española, y casi siempre acompañados del rostro de Ramón García y su capa. Celebración familiar, más o menos escueta en mi caso, llamadas, mucho espumillón, villancicos, disfraces, bailando y riendo con "Al ... con La Primera" hasta quedarnos dormidos en el inicio de un nuevo año. En mi memoria no hay ningún recuerdo de que me haya atragantado, aunque he de decir que más de una vez me he adelantado a los tolones de la gran campana; será que tenía ganas de inaugurar otra tanda de días en serie.


Con el tiempo todo ha ido evolucionando. La televisión cada vez hace apuestas más arriesgadas (y es que ojo, meter a la Pantoja, su hijo y JJ Vázquez en un mismo balcón tiene su riesgo...) y los que ya no somos tan críos hemos volado del nido del cuco hacia algún cotillón casero, o desde el año pasado, a alguna opción barata que nos permita celebrar la entrada del año con traje, música y la compañía de buenos amigos. La botella de anís y la cuchara se han convertido en un DJ y las llamadas de tus vecinos al timbre en meros sms en su mayoría prefabricados, que para que decir una mentira, se agradecen. Pero ya nada es lo que era. Sólo hay que echar un vistazo a nuestro alrededor. Quizás dentro de un tiempo me toque darle al anís y la cuchara con un miniMDoc correteando por la casa, como en los viejos tiempos, aunque por ahora sueño con un fin o inicio de año vienés al son del famoso Concierto de Nochevieja y/o Año nuevo



Pero algo que no ha cambiado ha sido la tradición de los recuerdos y las promesas. ¿Quién no se pone a recordar todos los momentos del año y hace sus propósitos de Año Nuevo?. Si echamos la vista atrás, he de decir que el 2011 ha sido un año bastante bueno. A pesar de sus menos importantes como son alguna historia familiar que podría desbaratar la paz dignamente conseguida, algún problemilla de salud entre otras historietas que no merecen ser recordadas, cada uno de los días nos han dado algo bueno que celebrar, seguro. Aunque sea la sonrisa de un desconocido en el autobús hacia el trabajo, el gracias de una persona agradecida, el abrazo de un amigo, un email, una canción de la radio, ese buen desayuno, una llamada, un regalo, un mensaje, un atardecer, un beso...


Si os soy sincero yo no soy de los que hace propósitos de Año Nuevo. No. Yo soy de los que hace propósitos de Curso Nuevo. Es decir, me propongo cosas que luego más o menos se cumplen en septiembre, cuando empieza el volver a tu rutina, a tu curro, a sumar, en  mi caso, un curso nuevo poco a poco a tus espaldas. Hace ya tres años, éste fue el tema de monólogo que me tocó en un examen de la escuela de idiomas. No fumo, no bebo, estudio...¿de qué más quieres que hable?. Intenté ser original, explicar mis razones. No hubo suerte, pero no importa. Espero y deseo que se cumplan cada uno de mis propósitos, y de los vuestros.

Sin más, y siendo mi primer año de presencia decente por la blogosfera me gustaría brindar por todos los momentos buenos que hemos pasado,los compartidos y los que no, por disfrutarlos y por conocer gente magnífica que jamás hubiera podido imaginar. Porque cada uno tiene algo de especial. La persona y el segundo es algo que tienen en común. Mi deseo grande para que este año se cumplan todos nuestros sueños y que cambie a mejor con la condición de que no lo hagamos nosotros.

Un abrazo muy grande a todos y cada uno de vosotros.

¡Feliz y Próspero 2012!





"En la puerta del sol, como el año que fue..."

lunes, 3 de octubre de 2011

Recuerdos de la niñez

Por fin de vuelta después de tanto tiempo sin dar señales de vida, pero si ya leísteis mi entrada anterior, la continuación de las clases no ha sido para menos. En el ámbito académico tuve prácticas de oftalmología que un día de estos contaré, aunque os adelanto que fue una especialidad que me sorprendió gratamente tanto en la parte médica como en la quirúrgica.

En el ámbito parrandero, deciros que he tenido uno de los fines de semana más especiales de mi vida. Y os contaré por qué.

A mis padres siempre les ha gustado viajar, disfrutar de los rincones que nos ofrece la Tierra donde estamos, así que qué mejor que pisar tierra en campings de diferentes ciudades españolas. Uno de ellos fue en Salou, al cual siguieron yendo incluso cuando yo todavía gateaba. Pero un año en el que no había plazas (allá por mi edad de 5 años), nos trasladaron a uno muy cerca de allí que acababan de inaugurar hasta que hubiera hueco en el de siempre. Nunca aceptamos la plaza disponible días después. Y es que allí comenzó la mejor aventura de mi vida. Formamos una gran familia, hicimos grandes amigos, vimos el camping crecer y los monitores nos veían crecer a nosotros. Disfrutamos, nos reímos, corrimos, saltamos, bailamos...Y es que ese camping nos hizo mella a cada uno de nosotros. Era un camping especial desde cada rincón a cada persona o cada sonido.

Por la mañana y por la tarde disfrutábamos del miniclub donde habremos hecho una gran cantidad de manualidades, hacíamos excursiones, disfrutamos de actuaciones para nosotros o ensayábamos espectáculos de la noche. Cariño impresionante por parte de todos los monitores. Cómo disfrutaban de ti viéndote crecer.


De vez en cuando, siempre caía una competición. Recuerdo especialmente una de dardos donde me llevé dos medallas de plata que me reconocieron en un podio en el espectáculo de noche delante de todo el camping. También una de grupos donde jugábamos al volley-playa, minigolf, tenis, fútbol y baloncesto. Siempre recordaré con cariño la canasta en el último minuto de mi madre que nos hizo estar un poco más cerca del podio aunque no estuviésemos sobre él.


Entre tanto, piscina, deporte, o simplemente corretear por las calles. Quedada obligada, y tu parcela, antes tienda de campaña y después caravana en mi caso, estaba abierta a todo el mundo. Las bicis eran nuestro medio de transporte más veloz y el grito el medio de comunicación más audible. Baños comunes donde veías a la gente en albornoz por las calles, o cola en las fuentes públicas para recoger el agua de la comida.


Y es que a las diez en punto de la noche uno debía estar sentado en el suelo en primera fila del escenario para disfrutar del espectáculo de la noche. Eso sí,  siempre que no hubiese bailes regionales, algo que nos aburría tremendamente y que nos hacía cabalgar feroces hacia las pistas de deporte. Fiesta de la espuma, musicales como Titanic o Elvis Presley donde yo fui protagonista (siempre recordaré los besos de dos chicas a cada lado y yo me tenía que desmayar entre el humo del escenario), los (mini) Miss y Mister (donde yo me presenté, aunque no gané) además de espectáculos de humor ingenioso todos hechos por los monitores que nos habían estado acompañando durante todo el día. Todavía se me ponen los pelos como escarpias escuchar las canciones de inicio y final del espectáculo, invariables casi desde hace 20 años.




Mis vueltas de vacaciones como podíais imaginar eran tremendamente tristes, incluso lloraba con las canciones que salían en la radio porque pensaba que las estaban cantando nuestras monitoras.


Hace diez agostos, allá por el 2001 dejamos de ir. Y siempre mantuve la llama viva de volver en algún momento, de recordar ese tiempo increíble, de volver a pisar el suelo en el que estuve. Y por fin llegó. Eso es lo que he hecho este fin de semana (en realidad cuatro días). Escapada, aunque esta vez en Bungalow, con unos amigos. Mis padres y yo no salíamos del asombro. Era increíblemente cierto que no parecía que hubieran pasado 10 años desde entonces. Nuestra memoria era un brotar de situaciones, de anécdotas, de recuerdos maravillosos. Parecía que esos adoquines en el suelo habían sido pisados tan solo una semana antes de la visita, y no diez años. Está claro que era algo mágico, increíble e incapaz de olvidar. Y aunque había ambiente muy veraniego y el tiempo ha acompañado, claramente los espectáculos y las actividades no eran como Agosto, pero hemos disfrutado como unos enanos de nuevo. Aunque en las próximas habrá un problema, se cargar toda la parte de parcelas para crear una zona de lujo dejando su exclusividad a su homólogo. Todo muy cool, y una pena porque no es para nada lo mismo.

Y podría contar mucho más y alargar esto hasta el infinito porque la experiencia fue y ha sido magnífica, hasta tal punto que he visto después de tantos años a una buena amiga de entonces. La misma esencia, sin duda.

Para los curiosos, hablo del Camping Resort Cambrils Park. Familiar, totalmente recomendable. Os pongo el video presentación de hace más de 10 años porque esa es la esencia que conocí, ese era mi Cambrils Park, aunque aquí en Youtube podéis encontrar el de este año.


P.D. A ver si esta semanita me pongo al día con vuestros blogs y con mi temario, que me está empezando a picar.

Y vosotros, ¿no tenéis un lugar especial al que os gustaría ir, recordar de nuevo?. ¿Un lugar donde fuisteis vosotros mismos que le tenéis un especial cariño?

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