"La vida no se trata de esperar a que pase la tormenta. Se trata de aprender a bailar en la lluvia " (Vivian Greene)

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miércoles, 2 de abril de 2014

Cuando nada tiene sentido

Pasan los días y sigues en la misma vorágine de siempre. Lo acompañado se vuelve solitario. Lo claro, turbio. Lo complicado, aún más. Entras en una espiral autodestructiva con cada movimiento que hace cualquier parte de tu cuerpo enclenque. Se rompe en pedazos igual que tu alrededor. Pones caras, disfrutas del bipolarismo emocional, y caes. Te esperan las lineas y el sol, y no la lluvia. ¿Merece la pena cada gesto, cada segundo gastado? ¿Se traduce en algo excepto en volatilidad? Desaparecer de la noche a la mañana... Perder todo lo creado, todo lo vivido. Depender de la tercera, o los terceros. Conectar y desconectar. Ser fiel o un loco sin sentido. Querer algo y no conseguirlo. Ver como todo se desmorona delante de tu retina mientras el mundo no para, mientras el mundo sigue avanzando a tus espaldas como si nada fuera contigo. Ser invisible, utilizar el tiempo equivocadamente. ¿Romper? Es una opción. Y quizás la más acertada. Con riesgos, todo tiene riesgos. Pero, ¿es tu mente capaz de dar al gatillo? Liberar cadenas. ¿Es verdad que todo vendrá, sin esperarlo? ¿Es verdad que algún día saldrá el sol? Te haces daños, te vas consumiendo poco a poco y sin enterarte, como si de verdad, nada tuviera sentido. Y es que igual no lo tiene, y hay que encontrarlo. Pero no es esta la forma. ¿Estás seguro? A saber... Pero no es lo que esperabas y hay que reaccionar. Recoger los restos y volver a formarse. ¿Estás realmente preparado?

Son sólo añicos, pedazos de un solo mundo, o de tres.




"Tememos que nos maten, 
pero es mucho peor 
que nos destruyan"

Y ya nada que decir si es autodestrucción.

miércoles, 8 de enero de 2014

Conectar

Espontáneamente o de manera buscada. Como cuando nos encontramos en un nuevo trabajo. La mayoría de las personas optan por adaptarse al medio, al grupo, intentar crear un vínculo social buscando la supervivencia. Muchos tienen un punto límite: nunca pierden sus propios principios a riesgo de quedarse en compañía de la soledad. Unos pocos sucumben ante la tentación, traspasando los límites de su propia forma de vivir. Darlo todo por el todo, a pesar de las consecuencias.

Uno de estos días pasados una amiga que hace bastante que acabó el instituto y piensa en comenzar una nueva aventura en la universidad presencial nos abrió su caja de preocupaciones y dejó caer una de ellas: "¿y si ya no sé hacer amigos?". Es una de las grandes inquietudes del ser humano aunque un día puedas decidir romper con todo y encerrarte en tu propia mente. Conectar, ahí está el misterio. Querer, compartir, unir son sólo algunos verbos más de nuestra economía linguística.

Pero más difícil es querer lo que no se ve. 

Un "sí, estoy embarazada", una carta de amor, una historia plasmada en un libro. Leyendo la biografía de nuestro universitólogo favorito, contaba que no tenía necesidad de poner un cuerpo y un nombre detrás de las palabras, de aquellas que te hacen conectar.

Y es que una palabra puede hacer retumbar todos los cimientos de tu ser. Puede conectar con cualquier parte de tu cuerpo: la mente, el corazón, incluso la genital, jugando con lo morboso. Una palabra tras otra, una fila de coincidencias, un par de sentimientos que revolotean entre la conexión con lo más profundo de tu ser.

Las personas ciegas son los mejores ejemplos de ello. Son capaces de querer, de amar, de sentir, en el fondo, de conectar sin necesidad de ver.

¿Acaso uno quiere ser médico porque se ha visto ejerciendo como tal? Quizás sí en el juego de palabras de nuestro lenguaje. O tal vez en la imaginación, esa maravilla que los niños llevan a su máxima expresión. Amigos invisibles, profesiones imposibles, sentimientos encontrados...

Quién sabe si para entender la esquizofrenia paranoide debemos creer lo que no vemos, pero ellos ven. O si ese es el punto clave de la depresión; querer lo que no vemos, salir.

Y es que al fin y al cabo es lo que nosotros estamos haciendo: sintiendo palabras, confiando nuestros sueños. En el fondo es el juego de la amistad o el amor. Incluso de la sorpresa. Sentimientos que no se ven. Que una persona te saque una sonrisa, que una conversación acabe en decenas de casualidades, que tiendan su mano a pesar del desconocimiento. En definitiva, que te hagan ser feliz.

Conectar, es mucho más que una palabra.


No se trata de ver para creer,
sino de creer para ver 

martes, 31 de diciembre de 2013

En la puerta del sol, como el año que fue...


El tiempo pasa deprisa, muy deprisa. Muchas veces asusta la capacidad que tiene de manejarnos a su antojo, siendo rápido cuando menos queremos que lo sea. Quizás sólo sea tu mente que le sabe a poco los buenos momentos y es menos capaz de dejar pasar esas sensaciones que van cargadas de sentimientos negativos, aunque hagamos verdaderos esfuerzos en impedirlo. Sin embargo aquí estamos, a escasas tres horas de que el reloj de Puerta de Sol dé las doce esperadas campanadas y deje atrás un año que estará marcado por infinidad de cosas para cada uno de los que estamos sobre este mundo. Estoy seguro que aunque Facebook, Instagram o cualquier servicio de estos se empeñe en hacer a cada uno de sus usuarios un "resumen 2013" no llegará para nada a lo que cada mente y cada corazón tiene guardado de este año.Y es que ya decía Mecano, que cada fin de año hacemos un balance de lo bueno y malo, donde siempre lo primero debería primar sobre lo segundo, y éste último ser objeto de aprendizaje, sobre lo que no hay que volver a repetir y no de llevarlo de la mano atormentándonos durante el nuevo año. 

Sin duda mi 2013 va a estar marcado de grandes momentos y sentimientos, decisiones, conversaciones, hechos... Una de las peores partes se la lleva mi ausencia por esta, mi otra casa, la blogosfera, perdiéndome lo que ibais contando en cada una de las vuestras y siendo partícipes de algo que me llena de una manera grandiosa. Eso sin contar que se me está olvidando hasta cómo escribir por aquí... Todavía me parece increíble haber estado tanto tiempo sin escribir (excepto por el lapsus de las últimas dos entradas), sobre todo cuando muchas veces te entran unas ganas inmensas de encender el ordenador, teclear Blogger y dar rienda suelta a lo que pasa por dentro de tu cabeza. Pero tener que hacer mil cosas y la falta de tiempo, ese del que hemos hablado más arriba, me ha pasado factura. A mi vuelta veo muchos compañeros con el chiringuito cerrado y otros que sobrevivimos a duras penas. Me alegra ver a los que siguen como el primer día o van dando señales de vida cuando pueden sin perder esa alegría. Así como a los nuevos que han venido, y que vendrán. Espero que el nuevo año traiga un rincón en su tiempo para dejarme ver de nuevo por aquí.



Pero, ¿y qué ha pasado durante este 2013? Se ha viajado, y mucho. He vuelto a rehacer historias de la adolescencia y a volver a ver a gente maravillosa que no había visto desde hacía muchos años. Pero también he conocido a grandes personas de esas que te marcan como si pareciera que tuvieran su hueco en el corazón preparados para su mudanza. He afianzado relaciones y he ido un poco más allá en algunas, siendo una alegría poder conocerlas más a fondo. Y es que, a pesar de todas las adversidades que haya por en medio, si de verdad hay interés y conectas, no hay obstáculo que no puedas salvar. Sin embargo también ha habido tropiezos, caídas, dudas, malas decisiones, y lanzamientos sin conocer todavía cuáles serán las consecuencas que no deberían emborronar los momentos de buenas sensaciones.

En cuanto al tema académico, y que algún día intentaré desgranar un poco más, nos encontramos en la recta final. Cuesta decirlo después de tanto tiempo, que de nuevo ha pasado sin que nos hayamos dado cuenta. Más de 1900 días estudiando algo que me hará sentirme orgulloso el resto de mi vida. Dándolo todo a pesar de las noches, de los madrugones, de los exámenes, de los trabajos, de las notas... pero también gracias a esas noches, madrugones y por supuesto a toda la gente, compañeros y no que han dado una parte de ellos mismos en estar dónde y de la forma en la que estás. Todo se acaba y todo llega, y es que acabamos para continuar. Hemos elegido academia y aunque no hemos hecho ninguna práctica en lo que llevamos de curso, nos espera un rotatorio de lo más movidito para estar dónde más nos gusta.

Se me están acabando las ideas, culpa que probablemente tendrá el olor que percibo desde mi habitación y el hecho de estar tantísimos meses sin escribir. Así que para no ser muy pesado, mando por aquí un sincero y grandísimo Feliz 2014. No se olvida a la gente que no tendrá un techo propio para celebrar el fin de año, ni aquellos que están desperdigados por necesidad por toda la geografía mundial, ni aquellos que están en los hospitales, no sólo trabajando, sino a aquél enfermo o enferma, niño o adulto que pasará su fin de año entre sábanas blancas, goteros y maquinitas. Así como tampoco se olvida al que no está.

Así que no me queda mas que desearos a todos que paséis una gran noche, así como una muy buena entrada a este nuevo año. Unos estarán a las puertas de ese marcado uno de febrero. Otros será el fin de su R4-R5. Y otros como yo, tendrá un año duro de preparación por delante. Para todos será el fin y el comienzo de dos etapas. Puede ser duro, pero seguro que entre todos lo será un poco menos. 

Feliz 2014.

Y si hace dos años, me despedí al ritmo de "Un año más" de Mecano, este año lo voy a hacer con "Todo tiene su fin" de Los Módulos. El fin y el comienzo, la vida es así.



Un ganador es un soñador
que nunca se da por vecido


sábado, 8 de septiembre de 2012

Frágiles

frágil.
(Del lat. fragĭlis).
1. adj. Quebradizo, y que con facilidad se hace pedazos.
2. adj. Débil, que puede deteriorarse con facilidad. Tiene una salud frágil.
3. adj. Dicho de una persona: Que cae fácilmente en algún pecado, especialmente contra la castidad.
4. adj. Caduco y perecedero
 
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Podemos acompañar el adjetivo frágil a multitud de sustantivos. Un material, como el cristal. Un objeto, como un huevo. Un sentimiento, como el amor. Una enfermedad, como el Síndrome X frágil. Una persona, como tú y como yo.
 
Diríamos que una persona frágil es aquella que por cualquier factor bien intrínseco o extrínseco pierde autonomía propia y parece que su propia personalidad va a hacerse añicos (que quizás expresa más que "pedazos") en cualquier momento. Una situación crítica, una enfermedad, un momento inoportuno, un día de pie izquierdo. Nuestra piel, nuestros ojos notan esa fragilidad; nuestra mente nos impide pensar y sólo permite balbucear según qué sílabas. Damos al resto una sensación de necesidad de medir las palabras, los actos, de necesitar un abrazo sin pedirlo, a riesgo que cada pedazo de nuestro cuerpo se separe de su conjunto. Pero sólo esas personas adecuadas serán capaces de ver nuestra delicada existencia y llevarnos de nuevo hacia esa fortaleza que nunca debimos perder.
 
También puede ser que nuestra fragilidad se encuentre escondida, dentro de nosotros como aquella caja marcada que lleva en su interior una de las mejores y más importantes vajillas del país. Se encuentra a salvo de todo, dando una sensación de dureza, de resistencia hacia cualquier golpe que se le puede dar, pero puede picarse si se da justo en el momento y situación adecuada.
 
Por último están los que vienen con etiqueta, los que por una situación concreta cuelgan de su talón la marca de su destino, pero que en realidad, si se les conoce en su profundidad, pueden ser más fuerte que cualquiera, conjugando su realidad con la nuestra. ¿Por qué etiquetar? ¿Por qué clavar a aguja el sello de nuestra presentación? Desconocimiento quizás, o ser diferente a lo que se considera normalidad.
 
 
Estoy seguro de que a medida que íbamos leyendo -o escribiendo- nos han venido personas a las que relacionar, o momentos de nuestra propia existencia que encajarían como piezas de puzzle -de peces-. Todas ellas te las puedes encontrar en la consulta, en planta o en urgencias en cualquier momento. Ante la enfermedad, somos frágiles, somos el primer grupo, aunque nuestra mentalidad juegue a introducirnos en el segundo, buscando desesperadamente un consuelo que nos entienda. Acabaremos asumiéndolo, dándonos fortaleza propia, o por los demás, y al final lograremos que nuestra piel y nuestros ojos se quiten de su memoria toda la sensación de fragilidad que habían adoptado sin permiso. Hay que asumir, ser fuerte, constante y dirigirnos sin cesar hacia la meta, hacia nuestro más preciado objetivo. Porque nunca hay que dejar de caminar, y si uno se cae, siempre hay que levantarse, aunque nuestros brazos hagan un esfuerzo sobrehumano para conseguirlo. Porque el valor, nuestra mentalidad, nuestra propia existencia y personalidad, son las bazas más grandes de nuestra carrera de obstáculos de la vida, y hay que saber utilizarlas para saltar los relevos, quizás rozando, pero sin que rompan lo que es probablemente lo más frágil de nosotros, nuestro alma.
 
Frágiles, a parte de ser una película -buena, parece ser- de Jaume Balagueró, es la nueva serie de los jueves de TeleCinco. O más bien, era, porque este jueves acabó a la espera de una confirmada segunda temporada. A pesar de que no la pude ver en televisión desde el primer día, estoy siguiéndola a internet, poco a poco, saboreando cada capítulo, todavía sin acabar.
 
 
La serie no sólo nos cuenta la historia de Pablo, un fisioterapeuta que pasa consulta a sus pacientes con aires de tinte dramático y ateniéndose a las formas y el humor -a veces algo negro-. Sino que es algo más. La serie nos presenta la situación de Pablo, dos historias paralelas de continuación y una historia cambiante en cada capítulo. Conjuga el arte de la fisioterapia con la psicología, la intuición y el positivismo. Nos captura esas enfermedades raras, poco comunes, desconocidas, esos miedos, culpas, complejos -como se presenta en su cabecera- con una brillantez absoluta. Etiqueta a las personas especiales, pero especiales de excelentes, a la integración y el todo es posible. Da una visión positivista ante esa enfermedad que nos derrumbaría. Juega con las emociones, con el monólogo final. Hace lo que muchos médicos consideran-amos- algo magnífico en su paciente, sacarle una sonrisa a pesar del todo.
 
No he acabado de verla, y eso que la primera temporada sólo cuenta con ocho capítulos. No me ha defraudado, sino que me ha sorprendido. Es la misma productora de la especial "La pecera de Eva", que juega con un rodaje muy peculiar: no utilizan guiones en los diálogos, sino pautas de qué deben hablar y qué objetivo conseguir. No saben exactamente qué les va a decir el otro, y ellos deben responder con lo primero que les venga a la cabeza. Sorpresas mucho más naturales, dramas y gestos que a lo mejor no saldrían de esa forma si hubiese que seguir un guión al pie de la letra. Todo eso con unos actores y actrices que lo bordan, cada uno en su papel perfecto. Lo único que no se deja al libre albedrío son los monólogos, y la historia. Una historia que espero que no me defraude. Como dice mi madre "hace mucho que no veíamos algo así en la televisión, parece raro" - viniéndole a la cabeza las tórridas -en todos los sentidos- imágenes de la extinta Física o Química. Si podéis, dadle una oportunidad. Y me contáis.
 
Abrazos
 

miércoles, 1 de febrero de 2012

Sólo una pizca de imaginación


No sé si os fijateis bien, pero el logo de Baalya, la plataforma de la que os hablé un poquito el otro día en "Profesor, gracias", tiene como elemento simbólico una caja abierta (para el que no la recuerde he vuelto a poner la imagen encima en pequeñito). Precisamente hace unos días se hacían eco en su facebook oficial de un video que para ellos expresaba perfectamente el sentido de esa caja en su cabecera.

Aquí os dejo el video para que lo disfrutéis. Es un poquito largo (un poco menos de 8 minutos) así que os recomiendo verlo cuando dispongáis de ese tiempo y así poder hacerlo del tirón.


A raíz de esto y a través de los comentarios descubrí el libro titulado "NO ES UNA CAJA" de Antoinette Portis, graduada en Arte por la Universidad de California (UCLA) y actualmente directora creativa de la compañía Disney Consumer Products. Publicado por la editorial Factoria K de Libros, y editado en gallego y castellano.

Fue calificado en 2007 como Libro de Honor por el comité del Premio Theodor Seuss Geisel, que se le concede a las mejores obras infantiles publicadas en Estados Unidos, en homenaje a este conocido autor, que decía que los niños buscan lo mismo que los adultos: “Reírse, cambiar, entretenerse y disfrutar”. También fue nombrado como Libro Distinguido por la Asociación Americana de Bibliotecas e incluido por la Biblioteca Pública de Nueva York en la lista “Uno de los cien libros para leer y compartir”.

¿Qué haces sentado en una caja?
No es una caja.
¿Por qué estás subido en la caja?
¡No es una caja!

Con ello nos adentra en el mundo de un curioso conejito que demuestra a los lectores que una caja puede ser todo lo que les permita la imaginación. Al fin y al cabo, "una caja es justamente una caja...a no ser que no sea una caja."
Más info en este link.

Ojalá los adultos conserváramos un poquito de esa capacidad de la que disfrutamos en su mayor exponente cuando somos chiquitines. Esa que nos permite viajar sin dinero, luchar sin violencia, ser lo que más ansiamos aunque cada pocas horas sea una cosa diferente. Ojalá a todos los adultos nos quedase tan solo una pizca de imaginación que nos permita crecer disfrutando, divertirnos y sobre todo SOÑAR. Que nadie nos quite el sueño, el anhelo, la inocencia, las ansias de futuro y por supuesto, que nadie nos quite lo más básico, ser cada uno lo que queramos ser.


Si has construido un castillo en el aire,
no has perdido el tiempo, es allí donde debería estar.
Ahora debes construir los cimientos debajo de él.
George Bernard Shaw (1856-1950) Escritor irlandés

lunes, 16 de enero de 2012

La chica del ascensor


Esto no es una historia de amor apasionado, un melodrama típico de sobremesa o un capítulo de "cómo conocí a vuestra madre". Bueno, quizás esto último sí. Y es que aunque no hablamos directamente el uno y el otro, ni estuvimos solos en el ascensor ni tan siquiera estuvimos al lado...Aunque no nos hayamos vuelto a ver nunca más y ni siquiera sepa cómo se llama, algo sí había en ese momento, al menos en mi interior.

(momento en el que el 95% de los lectores han dicho buuu y han abandonado el blog)

He de decir que yo como persona he sido siempre dado a ese interés repentino, a ese entrar por los ojos, a esos flechazos que me hagan decir wow. Para entendernos, no traídos desde la belleza o su personalidad (aunque esto último cuenta muchísimo) sino desde la sensación de que tiene algo personal impactante, que llama la atención, como algo mágico que posteriormente intentarás conocer en profuncidad como si de una forma mecánica se produjese. Y aunque nunca llegue a nada (¡ouch!) siempre queda la sensación del momento, de ese en el que te hicieron levitar.

Así pues toda historia tiene un comienzo, y como tal, ésta tiene el suyo propio. Era un día de marzo de este año que acabamos de terminar y por horario de prácticas a mi me tocaba deambular por el hospital, ese día en consultas externas. Mi acompañante, un compañero que no nos tenemos mucho cariño, pero hay respeto. Nuestro médico, una increíble persona. Ya mayor, y según informaciones recibidas ya jubilado a pesar de su insistencia en aguantar hasta los 70. Te comprendía, te enseñaba, se preocupaba por ti y te hablaba como si fueras su hijo, o más bien su nieto mientras te contaba anécdotas, chistes o cosas que a él personalmente le sacaban de quicio, sobre todo en cuanto a la profesión sanitaria se refería. Gran defensor de los pacientes, amante de la sociabilidad y bromista por naturaleza. Un ambiente buenísimo en el servicio, sin ninguna duda. Y un hombre al que recordaré con mucho cariño siempre a pesar de que sólo pude estar con él tres semanas.

Aquél día vino a consulta un amigo suyo, y como buen amigo, y además de campo, le trajo unos cuantos -o mejor dicho, unos muchos- espárragos trigueros que ocupaban barbaridad de lo grandes que eran envueltos en un periódico, tal que así:


Cuando acabó la consulta, y en vistas que era pronto todavía, subimos a planta para por una parte dejar los espárragos en algún lado y por otra intentar hacer alguna historia en ese rato hasta la clase siguiente. Como supongo que sucederá en todos los hospitales o en su mayoría, las consultas externas están separadas del llamado Hospital General. En nuestro caso están en un edificio aparte que se comunica por un pasillo acristalado donde al final encontraremos los ascensores para moverte por las distintas plantas. Ya os podéis imaginar cuál es el espectáculo al moverte por un hospital abarrotado en plena hora punta mediquil un tío grande, en bata blanca con un saco de espárragos trigueros que casi ocupan más que él debajo del brazo y dos escoltas detrás, de bata blanca también intentando mantener una conversación coherente entre uno y otros. Lo mejor, el detalle de que todo el mundo te mira, y de que tanto él, como los escoltas íbamos saludando mientras nos respondían son una profunda sonrisa (entre el descojone y la curiosidad, y eso).


Supongo que todo el mundo sabrá cómo va el tema de los ascensores en el hospital. Existen para público y para personal exclusivo. Nunca llegarán cuando tú llegues. Ni a los cinco minutos de estar esperando. Pequeña es la probabilidad de que llegue en los siguientes cinco. Mientras tanto la gente en espera va creciendo y se agolpa en cuanto se abre uno (y entonces aparece un señor con una cama y dice: yo primerrrr. Y hala, a esperar otra vez). Pero por fin llegó uno y nos montamos dentro, al fondo, para dejar hueco para las plantas que hace parada (=todas). Nos montamos nosotros, una mujer y un hombre de mediana edad con bata blanca, y en el fondo había ya una chica que venía del (semi)sótano. Una chica de piel clara, pelo castaño mediano recogido en una coleta, vestida de calle aunque con una bandolera  azul que parecía que iba a reventar. Además, era guapa, y por supuesto tenía esa magia tan interesante. La miré con un hola. Me miró. Mi compañero en la parra y nuestro médico con su momentánea forma de llamar la atención fue el centro de toda conversación. Los señores de bata blanca y él, algo se conocían, y una simple pregunta con acento típico de nuestra tierra encendió la mecha del parloteo: ¡¿Pero qué lleva ahí doctor?!.

A partir de ese momento el desvarío fue máximo contando de dónde habían salido los espárragos, lo buenos que estaban y por supuesto, lo grandes que eran:

- Pues no había visto unos espárragos trigueros tan grandes en mi vida - mujer en bata
- Pero si medirán metro y medio, y anda que no estarán buenos. Yo cuando me los ha traído me he quedado, pero chachooo ande vas con eso tan grande. Pero qué además vale todo, ¿eh?. (expresión de risa muy curiosa que tiene el hombre). ¿Si o no? - le pregunta a mi dama.
- Sí, sí - responde bajito con una sonrisa de oreja a oreja conteniéndose la risa.

Ojalá hubiera tenido una grabadora en el momento, una buena memoria o hubiera estado más atento a la conversación porque no tenía desperdicio. Pero mientras los escuchaba de fondo, no podía dejar de mirarla. Sus gestos, sus miradas al suelo, sus moviemientos de ojos o cómo contenía la risa. Su sonrisa. Y lo mejor, que su mirada se desviaba hacia la mía de vez en cuando para hacerme cómplice de su este tío está loco. Podríamos haber parado en todas las plantas como en ninguna porque el tiempo se paralizó para mi. Normalmente odias que pare en cada planta mientras te desganitas pensando que estás llegando tarde a tu cita. Ese día no me enteré. Sólo sé que los señores con bata bajaron antes y que luego le llegó el turno a ella. Con un adiós vergonzoso (¡adiós maja!- se despidió el de los trigueros con su acento particular) y una sonrisa a los pasajeros se despidió mientras salía del ascensor, pero no quiso dejar que se cerraran las puertas sin volverme a dedicar una mirada. Yo me quedé flotando, pensando que hubieran pasado horas desde que nos habíamos montado en el ascensor. La sensación era increíble, hacía mucho que no experimentaba algo así. Sólo sé la planta en la que se bajó, y que además, para más inri, está dedicado a dos servicios. Así que no sé a qué servicio iba, si era auxiliar, enfermera, médico, estudiante en prácticas o una mera persona visitante.

No sé qué hice después en el rato previo a la clase, pero sólo sé que llegué y le comenté a mi gente todo lo que había pasado. Estaba totalmente emocionado, todavía levitando.

- ¡Jo!. Si hubiera estado ahí le hubiera pedido una compresa o algo - me dijo una amiga iluminada.
- Hombre, casi mejor un klinex o la hora, ¿o qué?.
- Hombre, también es verdad. Aunque si hubiera sido una compresa me hubiera llevado a donde las tienen y hubiéramos sabido el servicio. Pero bueno, a lo que vamos, ¡¡haberle dicho algo!!.
- Puff...¿y si vuelvo por ambos servicios a investigar?
- ¿Cuándo quieres que lo hagamos?
- [Mirada melancólica y silencio pausado] Sólo sé que puede ser la madre de mis hijos...

En ningún momento volví a investigar. Ha pasado ya tiempo y eso no ha hecho que me olvide de su cara o sus gestos. De su sonrisa interior. De cómo se comportaba. Cuando escucho alguna canción determinada o las hormonas juegan su papel en los momentos más meláncolicos de tu vida, de vez en cuando aparece su imagen. Me temo, que por mucho que lo haga, se quedará para siempre encerrada en mi memoria.

P.D. Sé que os la debía y no me he levantado de la silla hasta que he acabado. Al fin y al cabo, hoy me lo estoy tomando de relax, que lo de esta mañana, ha ido requetebien :).

P.D.2. Intento ver algunos de vuestros blogs y comentar y no me deja, se pone la pantalla en blanco :S. Supongo que volverá a ser IE...Espero que pase pronto que lleva unos días tonteando. Por lo menos es a blogs alternos cada día.

martes, 3 de enero de 2012

El amor



No te quedes sin ver el video que es lo transcrito abajo.

"Se me ocurre que ese ritual llamado ceremonia nunpcial, es realmente, la escena final de un cuento de Hadas. No te cuentan lo que pasó después, no te cuentan que la cenicienta volvió loco al principe con su obsesión de limpiar el castillo, porque echaba de menos su aspiradora; no, no nos dicen lo que pasa después, porque no hay un después. El non plus ultra del amor romántico es el Matrimonio!!. Pero no siempre ha sido así, hacia el siglo XII había un concepto llamado "amor cortés", donde el amor no tenía nada que ver con el matrimonio ni con el sexo, en muchos casos era definido como una relación apasionada entre un caballero y una dama de la corte que ya estaba desposada, así que jamás podían consumar su amor, por lo tanto tenían que superar esa clase de amor cotidiano como "¡vamos juntos al cuarto de baño cariño!", y perseguían algo más divino. Eliminaban el sexo de la ecuación y les quedaba solamente la unión de las almas.

Pensadlo, el sexo fue siempre la fatídica poción amorosa. Ver la literatura de la época, Lanzarote y Ginebra, Tristán e Isolda....la consumación solo llevaba a la locura, la desesperación o la muerte.
Expertos clínicos y humanistas coinciden en la creencia de que el verdadero amor tiene dimensiones expirituales y, el amor romántico no es mas que una mentira, una ilusión, un mito moderno, una manipulación desalmada.

Hablando de manipulaciones, es como cuando vamos al cine y vemos a los amantes besarse en la pantalla y sube la música y nos lo tragamos, ¿no?....Y cuando salgo con mi pareja si cuando me da el beso de despedida, no oigo la filarmónica en mi cabeza, lo planto. La cuestión es, ¿por qué nos lo tragamos?

Nos lo tragamos porque aunque sea un mito o una manipulación, en el fondo todos queremos enamorarnos, ¿no? ¿Por qué?. Porque esa experiencia nos hace sentir completamente vivos, los sentimientos se elevan, nuestras emociones aumentan, la realidad cotidiana se hace añicos y salimos despedidos hacia el cielo. Puede que solamente dure un momento, una hora, una tarde....pero eso no disminuye su valor porque nos quedan unos recuerdos que guardaremos toda nuestra vida.

Hace tiempo leí un artículo que decía, cuando nos enamoramos oimos a Puccini en nuestra mente. Me encantó. Creo que es porque su música expresa por completo el ansia de pasión que hay en nuestra vida y de amor romántico, y mientras escuchamos La Boheme o Turandot, o leemos cumbres borrascosas o vemos Casablanca, un poco de ese amor también vive en nosotros.
Así que la cuestión final es, ¿por qué la gente busca el amor, cuando este tiene una caducidad limitada y puede ser aniquilador? Yo creo que es porque, como alguno de vosotros ya sabeis, mientras dura, ¡¡te sientes DE PUTA MADRE!!"


"Queridos Reyes Magos de Oriente...
¿por qué no volver a ver, por ejemplo, a la chica del ascensor?"

P.D. Y para dar bien la bienvenida al 2012 aquí a vuestra derecha, en Hoy suena a, Bienvenido de Laura Pausini

miércoles, 12 de octubre de 2011

Agárrate bien fuerte

Llevo dos días pasándome voluntariamente en mi semana de fiesta por consultas de oftalmología pediátrica y
...
Es increíble la vitalidad que desprenden...



...y además, ¡la fuerza que tienen!







lunes, 5 de septiembre de 2011

Fiesta sorpresa



Como todos sabéis, el viernes tocó disfrutar de la fiesta sorpresa a una gran amiga que se va de Eramus durante todo este año. Se me ocurrió mientras estábamos en un bar celebrando que había acabado el curso y la idea corrió como la pólvora. A través de internet (más en los últimos días, como buenos españoles, que en todo el verano) hemos estado pensado en ideas divertidas, en los regalos y en la excusa para que no se esperara absolutamente nada. Y así fue. Como excusa, acabar un trabajo importante (es más una publicación que un trabajo, así que pega totalmente) comunicado a través de un mail "modificado" de la profesora responsable. Había que hacerlo antes de que se fuera, y qué mejor que un día en el que casualmente los otros dos integrantes estábamos en la ciudad bien por un tema u otro.

Si se esperaba cualquier cosa, todo se debió esfumar en el momento en el que entró a la casa y no había mas que un ordenador y nosotros dos para hacer el susodicho trabajo. Vimos fotos, hablamos, modificamos el trabajo...cualquier cosa con tal de perder el tiempo hasta la hora que habíamos quedado. Sin embargo, antes había habido un gran trabajo: preparar los juegos, hinchar globos, comida. Estaba todo listo en una habitación en la que nadie esperaba que fuera a entrar. A la hora exacta, y con la excusa de comer algo, ella y la otra amiga se fueron a un supermercado cercano mientras casi 15 personas que hacía mucho que no veía aprovecharon en invadir el lugar y dejar todo a punto de la sopresa. Creo que su cara y su estado de shock son irrepetibles cuando oyó el ¡¡SOPRESA!! de casi todo el grupo.



Durante toda la tarde la mantuvimos entretenida. Unos cuarenta globos que tenía que explotar para conseguir las seis pistas que debía adivinar si quería conseguir los regalos. Pero todo estaba bien preparado. Pistas imposibles que obligaban a pedir otra pista más a través de un prueba: contó un chiste, bailó, cantó, dijo trabalenguas en francés lo más rápido que pudo, y hasta se vistió de Duquesa de Alba con un bastón, mantilla y peluca mientras hacía una casi perfecta imitación. La última pista mandaba hacia un play de un video con fotos y canciones que debió emocionar hasta el más duro. Y a ella se le notó. Increíbles catorce minutos en los que nos entristecimos, nos reímos e incluso cantamos las canciones del video. Tras esto, una buena cena con tarta casera incluída de la pastelera del grupo, un sing star, conversaciones...

La despedida, triste, muy triste y es que ni ella quería irse ni nosotros queríamos que se fuera. Nos abrazamos millones de veces, estuvimos a punto de derramar alguna lágrima y nos volvimos a despedir por la ventana.

Yo, por mi parte, no puedo creerme todavía esta despedida. Una gran amiga desde el principio de la carrera, alguien que ha formado parte de nuestro trío calavera, de trabajos, prácticas, de estar sentada a nuestro lado. De ser quién es, de divertirnos, preocuparnos, estudiar, hablar cada día...Ahora no es duro porque mi cabeza no llega todavía a pensar en que el primer día de clase no nos volveremos a ver. Duro será ese día cuando descubramos que no está. Pero el tiempo pasa deprisa y Skype puede hacer maravillas además de que dentro de nada tocará ya preparar el viaje para verla...y para que nos vea. Sé que no puedes leer esto pero solo quiero que sepas que te echaré mucho de menos. Eres grande, no lo dudes. Te quiero, doctora.

lunes, 11 de julio de 2011

Tercero

La palabra "tercero" puede referirse a muchas cosas, sin embargo, para nosotros tiene un sentido especial: se trata del curso que marcará el paso del primer al segundo ciclo, y por tanto, el ecuador de nuestra carrera. Desde aquí aprovecho en contaros que ha habido pleno, y además mejor de lo que me esperaba antes de empezar el curso, así que oficialmente puedo decir que ya soy un medicoblasto de cuarto año.

Eso sí, tal y como iba diciendo, tercero es especial, tiene un aire totalmente diferente a los dos cursos que lo preceden y es donde comienzas a sentirte un poquito más médico, como que perteneces a este mundillo del futuro tan impresionante. Así pues, para futuros compañeros que pasen por aquí (aunque realmente ahora no tenga demasiado sentido ya que el Plan Bolonia está cambiándolo, -desgraciadamente-, todo.), dejo el eso que identifica tercero, aquello que lo hace diferente.

- Comienzas el curso con un miedo tremendo en el cuerpo. La fama de tercero, al menos en mi facultad, es mala. Junto a quinto (éste un poco menos), es el peor curso de la carrera por todo lo que tienes que estudiar y las asignaturas que das.

- Sin embargo, todo tiene su parte buena: las prácticas. Aunque Farmacología General, Microbiología, Patología General, Antomía Patológica entre otras te taladrarán hasta no poder más con su inacabable teoría, las prácticas serán de lo más interesantes por lo general. Sobre todo aquellas pertenecientes a Patología General, y es que rotar por servicios de Médica y Cirugía en el hospital por primera vez no tiene precio.

- Aprendes fisiopatología. Sabes dónde está el corazón, cómo funciona correctamente, y ahora, por fin en tercero, aprendemos cómo enferma, por qué, qué sucede, consecuencias, cómo se objetiva...

- De ahí que comienzas a diagnosticar todo lo que se te pone por delante. Empiezas a saber, a utilizar el razonamiento de todo lo aprendido para diagnosticar cosas que te pasan a ti, a tus padres o incluso a tu vecina. Eso sí, tienes la sensación de que cuanto más aprendes, más te queda por aprender.

- Pero también te entra el síndrome hipocondríaco. ¿Sabéis de cuánto podéis enfermar?. Comienzas a sentirte un poquito paranoico con todo lo que te rodea, en especial por la bonita microbiología, y la precaución al bañarte, beber, comer, tocar, respirar...VIVIR!.

- Pisas por primera vez un hospital disfrazado con todo artilugio posible: bata, fonendo, linterna, martillo de reflejos, bolígrafos que con el tiempo se convierten en bolígrafos de propaganda de la industria farmacéutica.

- Y por tanto, te sientes un poquito más importante, y es que ya eres todo un ESTUDIANTE DE MEDICINA EN PRÁCTICAS, todo un lujo que te permite moverte, cada día más, a tus anchas por el hospital. Hacer tuya tu futura profesión.

- Conoces a los diferentes propotipos de pacientes. Y descubres que no es lo mismo uno de un servicio que de otro. Sobre todo aquél de oncología. Especialidad dura donde las haya, pero que no me disgusta. Con su parte alegre, pero también su parte más que agria. Pacientes ingresados "por un catarro fuerte" que tenían un Ca de pulmón con metástasis cerebelosas, una paciente que vivía en 1986 por su metástasis cerebral aunque en hemisferio no dominante, una paciente con recidiva de un Ca colon con tres hijos pequeños que de un día para otro pasa de un grado de peristaltismo de lucha a la rendición. Pero también una paciente diagnosticada de Ca de mama y pronóstico corto que ya ha llevado a la tumba a todos los médicos que la han tratado (Válgame que todavía no soy licenciado).
Tus primeras prácticas, al azar. La primera especilidad que tocas. Pacientes y situaciones que jamás vas a poder olvidar. Eso es tercero. Eso ha sido MI tercero.

- Vas definiendo lo que te gusta y lo que no. Conoces personal sanitario, te codeas con todos, ves su rutina, y a la hora de estudiar, empiezas a tirarte por aquella cosa que te gusta más. Pero eso sí, aún tienes mitad carrera por delante.

- Conoces la farmacología. Descubres para qué sirve ese medicamento que te estás tomando, sus efectos secundarios, qué darías a esa patología que estás diagnosticando a tu vecina... Te conoces casi todos los principios activos, pero fallas cuando te hablan en marcas comerciales.

- Te sientes un poco más experto de la facultad. Ya te vas metiendo en el grupo de los mayores, de esos que dan consejos a los de 1º y 2º, cuentan sus batallitas con las asignaturas pasadas como tal abuelo y le vas pillando el truqui a los profesores. Te mueves con soltura, te conoces cada rincón de ella.

- Conoces de verdad a tus amigos. Si en primero somos todos unos desconocidos que nos intentaremos relacionar con los que pasamos más tiempo juntos en la facultad, es decir, con tu sección de prácticas, en segundo ya los vas perfilando. En tercero tendrás contigo aquellas que te han aceptado, que han creído en ti, te han animado, has pasado grandes momentos y hasta te has ido de vacaciones juntos. Ya sabes dónde está tu hueco y conoces de qué va el resto de la gente. Y das gracias por ello.

- Curras, mucho. Disfrutas, mucho. Y es que estás en tercero, habrá que llegar al ecuador dándolo todo, ¿no?.

Probablemente me haya dejado alguna cosa que contar, pero seguro que no es algo que se vaya repetir en lo que queda de carrera. Y es que al fin y al cabo sólo llevamos la mitad, ¡pero qué mitad!. Sensación vertiginosa. Sensación de ser cada día más, un médico.
(Por cierto, todo aquél que haya llegado hasta aquí, sobre todo si no está en la carrera, es un crack :))


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